jueves, 30 de septiembre de 2010

Historia de Amor


Para brillar con idéntica luz los amantes se encierran,
porque no saben si el mundo ha terminado
su destino de lluvias y de niños,
o si el mundo es un No opuesto a la integridad
de sus deseos,
o si el mundo no existe y entonces conviene
apartarse de la nada.


No son el hombre y la muchacha nocturna
que buscan sótanos húmedos y oscuros para entrar y salir
furiosamente. La fruta caída entre los desperdicios
es tan sólo el memento de un estío pasado,
y de una tierra fabulosa
como las entrañas de un toro.
Pero el amor hace que los amantes sean vicarios
de potencias altísimas,
que los mueve a la ira y a romper la pepita de los gameros
ávidos de unidad,
a pisarlos después con asco
porque abren la senda a los números infinitos.


Los amantes necesitan encerrarse,
y cada uno de ellos, que se aman tanto,
cuando se encuentran solos en una ola o en un palacio
-penetrado de silencio- donde ninguna mano
puede violar la intimidad fastuosa,
comienzan a descubrir el tórax, su cintura,
la risa, la cabellera criada entre delicias
y se lamentan.
Sí, pide la historia del amor
el llanto. La risa cumo un grito retorna
a la garganta
y el gracioso la escucha sobrecogido
y ríe, sigue riendo ante su noche.


Qué ver sino los labios unidos. Luces idénticas
que poco a poco dejan de ser lo totalmente otro,
y en el cabello, en la cintura, sienten
que allá infinito
arroyo bajo el valle
nada lo asible puro de la amada.


¿Adónde has visto luego que fueran los amantes?
¿Se apartan y mientras uno habla
el otro llora?
O se dedican a la muerte
en ese día en que pensaron: ?Las mariposas vuelan para nosotros?.
¿Quieren burlarse del insigne fracaso?
Es por eso reconfortante saber que todavía se muere la juventud,
no llegados aquí, a la precisa madrugada,
preparada, en que el hastío los deja cínicos
o rompe el vuelo de su pensamiento.
Felices los necios y los sabios,
los engañados totalmente
que mueren en la fe primitiva
y los que arengan con la conciencia de un gran fraude,
mirando más, mirando más.


Jorge Medina Vidal
(Uruguay, 1925)



4 comentarios:

gaia07 dijo...

¿Será esa la única manera de hacer al amor eterno?
¿Amor eterno sin que lo sean los amantes?

Ternura, maravilla, emoción, y más nos han dejado, hasta el poder de construirles la más bella de las historias.

Un beso.

isla dijo...

Me ha gustado Maika M.
Pero, reconozco que el texto de Jorge Medina Vidal, me queda muy grande..y me cuesta entenderlo y por lo tanto.. valorarlo ó mejor dicho dar mi opinión . Las sensaciones que me ha provocado su lectura son bastante contradictorias..no sé si me gusta tanto como me disgusta.. no sé..
Creo que será mejor que lo relea en otro momento.

Un saludo y un abrazo Joshua.
isla

Joshua Naraim dijo...

No sabría contestar a tus preguntas, Gaia, pero el amor-odio es una cuerda floja por la que nos deslizamos a lo largo de la vida de modo casi natural.
Besos

Joshua Naraim dijo...

Los gustos, las sensaciones, las emociones, incluso, la comprensión que nos provoca un texto, un cuadro, una música y, también, una persona es muy particular, subjetivo y, diría, que depende del momento, del lugar e incluso de nuestro humor en ese instante.
Bicos, Isla

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