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domingo, 7 de mayo de 2006

Últimas palabras



Últimas palabras de "LINDA"

¡No llores por mí!...

Me has dado un hogar donde cobijarme,
me has proporcionado alimento y sobre todo,
me has dado tu amor y tu compañía.
Lo último que querría es verte sufrir por mí.

Ahora que no estoy contigo, no quiero verte triste.
Deseo que cuando pienses en mí sonrías,
pues así sabré que mi recuerdo te hace feliz.

Quiero que recuerdes los buenos momentos que compartimos,
nuestras muestras de cariño,
nuestros juegos...
y si alguna vez te defraudé, o me porté mal, perdóname.

Y, por favor, no tires mis juguetes, ni mi cama, ni mis cosas,
porque en este mundo hay muchos otros colegas que viven en soledad,
tristes, sin cariño...
muchos que darían su vida por compartir la tuya.

No, no lo digas, no digas que no quieres tener más animales...
eso me hace pensar
que el tiempo que estuve contigo
no te hice feliz.

Por favor, que mi muerte no sea en vano,
que sirva para que otro tenga la suerte de poder vivir
y conocer lo maravillosa que es tu amistad,
que conozca la verdadera "vida de un gato”,
que descubra el cariño.

No estés triste...
yo no lo estoy,
porque sé que guardas
ese rinconcito especial en tu corazón...
para mí.

Freelandia, 29 de Abril de 2006

lunes, 1 de mayo de 2006

Despedida


Freelandia, 29 de abril de 2006

DESPEDIDA

A Linda,
que ha envejecido dentro de mis ojos.


Hoy llueve, párpados afuera y adentro, hasta la sequía.

El viento de la vida no llegaba a tus pulmones en estos días de agonía que, en la soledad de tus rincones, serena y callada afrontabas bailando con la muerte este último vals de primavera.

En nuestra última noche de vigilia, tu dolor rompió el silencio y en tu lengua, esa que nunca supe hablar pero si entender perfectamente, y en tus ojos, ya derrotados, me dijiste que era hora de partir, que el dolor solo es útil cuando hay esperanza, que la vida hay que vivirla con dignidad y que la Muerte puede ser una amiga llegado el caso.

Amaneció y nos fuimos juntos en busca de la paz, del silencio más profundo y de la luz. No nos dijimos nada, no hacía falta, nuestras miradas se ataron en un lazo de agradecimiento y despedida. El veterinario te administro el barbitúrico y tu calor se quedo en mis manos y tu dolor se disolvió en mi corazón.

Gracias por los quince años de convivencia y compañía.
Ya no volverás a despertarme a la siete de la mañana, cuando el cansancio hace mudo el despertador.
Ya no me vendrás a buscar para que te abra el grifo derecho del lavabo, ese en el que tanto te gustaba beber agua corriente.
Nunca más vendrás a recibirme cuando llego a casa y a juguetear entre mis piernas y conducirme al balcón para que te lo abra y puedas retozar entre las macetas al aire libre.
Nunca más, a la vera de esta ventana al mundo, escrutarás, curiosa, lo que escribo; ni atenta escucharás mi voz leyendo versos que tanto nos gustaban.
Nunca más me leerás la cartilla por llegar tarde o por no venir a dormir a casa.
Ya no sentiré ni el peso ni el calor de tu cuerpo en mis pies cada noche y mi cama será más ancha, más vacía y más triste.

Dicen que los animales de compañía se parecen a sus amos -no hace falta decir, en este caso, quien es la ama y quién la compañía- y me gustaría que fuera verdad: Solitarios sin soledad, independientes sin egoísmo, tiernos, pacíficos y armoniosos.

Tu recuerdo vivirá mientras yo viva.

Buen viaje, compañera. Miauuuuumor

Joshua Naraim

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