Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama.
Tengo que concentrarme en cosas positivas, pequeñas, hermosas: la brisa de la calle, una sonrisa, un ojo que mira, una mano que acaricia, otra sonrisa, alguien que te invita a un café, unos folios en blanco, el azul de la bahía, la página de un libro, un partido con goles, una cerveza bien fría, el aceite del pulpo con picante, el baile de una canción... Nada de grandes gestas, de retos complicados.
Dos más dos son cuatro y lo seguirán siendo en la explosión de la próxima primavera. Es lo que hay. Lo tomas o lo dejas. Me gusta el trazo de la escritura sobre esta columna vertebral. Es como fumarse las letras de mi alma, de mi corazón, de un beso sobre el carmín de unos labios. La aventura de vivir es buena y mala, siempre fascinante, y a veces cruel.
Pero así son las aventuras. Sudor y lágrimas, risa y llanto, cara y cruz. Alguien nace con un grito en la boca y otro se muere a miles de kilómetros con el frío en la nuca. Nunca hay que perderle la cara a la vida. Ladran, por tanto la caravana avanza.
No puedo dejar de pensar en todas esas cosas tan pequeñas, tan hermosas.
Las mariposas se mueren cuando suben muy alto.

