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martes, 17 de agosto de 2010

La aventura de vivir


Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama.


Tengo que concentrarme en cosas positivas, pequeñas, hermosas: la brisa de la calle, una sonrisa, un ojo que mira, una mano que acaricia, otra sonrisa, alguien que te invita a un café, unos folios en blanco, el azul de la bahía, la página de un libro, un partido con goles, una cerveza bien fría, el aceite del pulpo con picante, el baile de una canción... Nada de grandes gestas, de retos complicados.


Dos más dos son cuatro y lo seguirán siendo en la explosión de la próxima primavera. Es lo que hay. Lo tomas o lo dejas. Me gusta el trazo de la escritura sobre esta columna vertebral. Es como fumarse las letras de mi alma, de mi corazón, de un beso sobre el carmín de unos labios. La aventura de vivir es buena y mala, siempre fascinante, y a veces cruel.


Pero así son las aventuras. Sudor y lágrimas, risa y llanto, cara y cruz. Alguien nace con un grito en la boca y otro se muere a miles de kilómetros con el frío en la nuca. Nunca hay que perderle la cara a la vida. Ladran, por tanto la caravana avanza.


No puedo dejar de pensar en todas esas cosas tan pequeñas, tan hermosas.


Las mariposas se mueren cuando suben muy alto.

miércoles, 16 de enero de 2008

Para tener...



Para tener unos labios atractivos,
di siempre palabras amables.

Para tener ojos adorables,
mira siempre las cosas buenas de la gente.

Para una figura esbelta,
comparte tu comida con los que padecen de hambre.

Para mantener la elegancia,
camina con la certeza de que nunca estás sola.

Recuerda, si necesitas una mano amiga,
la encontrarás en el extremo de cada uno de tus brazos.

Con el tiempo y la madurez,
descubrirás que tienes dos manos:
una para ayudarte a tí misma
y la otra para ayudarle a los demás.

La belleza de una mujer no está en su figura
en la ropa que viste
o en la forma como se peina.

La belleza de una mujer tiene que ser vista en sus ojos,
por que son la puerta de su alma,
el lugar donde habita el amor.

La verdadera belleza de una mujer se refleja en su alma.
En la bondad con la que dá amor
y en la pasión que demuestra.

La belleza de una mujer crece con el pasar de los años.

Audrey Hepburn.




lunes, 30 de mayo de 2005

Manifiesto

Eugène Delacroix, Liberty Leading the People, 28 July 1830

El poder es una espada de dos filos
El poder del ego intenta controlar y dominar.
El poder del mago es el poder del amor.
Deepak Chopra


En defensa del cardo de la ortiga,
en defensa del burro y el rebuzno
y de su condición intranscendente,

a favor de los bosques y su antiguo
modo de ser, a favor de la piedra
que el invierno cubrió de oscuro musgo,

para que vivan peces en las aguas,
pájaros en el aire, rododendros
en los jardines, luces en la noche,

y los hombres se olviden de la prisa
con que van a la nada y no se enteran,
víctimas de un progreso establecido,

para que todo cobre otro sentido
una vez asumido el sinsentido
que es todo, y concentrados en su paso

veamos sin dolor pasar el tiempo
y vivamos minutos, horas, días,
bocanadas de ser, riqueza única,

para que todo vuelva a ser sí mismo,
lo que pasó, lo que es, lo que perdura,
lo que no deja huella de su paso,

para que no dé miedo tener hijos
ni dejar de tenerlos, y el amor
vuelva a ser verdadero, a ser inmenso,

para poder tomar el sol y el aire
y sentarse en la hierba con la gente
y ponerse a charlar largo y tendido,

a favor del cansancio y del descanso,
a favor de los ciclos naturales
y de la rebeldía ante los ciclos,

por los colores y por los sonidos,
por los gustos, los tactos y los olores,
por el juego y el sueño, y los amigos,

en defensa de lo que se ha perdido,
de la paz verdadera, del sosiego,
de la palabra limpia y del silencio.

(De “Esos tus ojos”, de Jesús Munárriz)


domingo, 24 de abril de 2005

Y MIRARSE A LOS OJOS

Han pasado los vientos
y mirarse a los ojos no es sencillo.

Vivir esta ciudad
es pisar un jardín de tachaduras,
la presencia infrectada de lo que ya no existe,
de lo que fue recinto de invierno
o refugio del sol,
teatro de las lluvias y de los conocidos.

Recorrer la memoria de las habitaciones
es provocar la niebla del interrogatorio.
Y no deben hablar, pero se anulan
en un silencio turbio
que delata el pasado de las sombras pacíficas,
los cristales hirientes por donde pisa el orden,
las botellas guardadas en mensajes vacíos.

Porque apago las horas
con el interruptor de los olvidos
y retumban los pasos en el sótano.
Imagínate tú, la habitación,
las llaves en la puerta,
los tacones que cruzan el pasillo,
la cremallera seca
y el cuerpo que no ofrece libertad,
sino cansancio,
calor de más, excusas previsibles.
Así llegan los sueños,
mártires descentrados de un corazón maníatico.

Han pasado las leyes del honos y la vida,
las mejores palabras,
y mirarse a los ojos no es sencillo.

Luis García Montero

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