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lunes, 24 de marzo de 2008

El poder


¿Quién tiene más poder: el que domina los despachos o el que domina su vida?

¿Qué es mejor: tener peso en la sociedad o tenerlo en tu casa?

¿Quién es más listo: el que tiene la nómina y el coche blindados o el que trabaja su horario y disfruta de la caña diaria o del paseo vespertino?

El trabajo sólo es una realización en su justa medida.

Los hombres que tienen una agenda frenética viven lo que les plantean sus secretarias.

Casi no saben qué será de ellos al día siguiente.

Dicen que todo tiene sus plazos, como las malditas hipotecas.

Hay momentos para exprimirte y dar todo de ti y otros para mirar cómo se exprimen los demás.

Lo peor de entregarte en cuerpo y alma es que te olvidas de mirar hacia dentro, casi te olvidas de quién eres y de por qué haces todo lo que haces.

El auténtico poder lo disfruta el que domina sus horas, el que sabe que una sonrisa es una cometa al viento.

Cierto es que nuestra sociedad necesita líderes.

Pero yo me quedo con los trabajadores honrados, con los profesionales que hacen su trabajo como amanuenses, que cumplen a la perfección, sin vanidades, y se marchan a sus casas para disfrutar de su otra vida:

la auténtica.

César Casal



lunes, 30 de abril de 2007

Distintos



¿Será quizás el amor un estado del fuego?
Marina Tsvietáieva

Se tuvieron que conocer en un accidente. No tenían nada en común. Él, alto. Ella, baja. Él, barbudo. Ella, riquiña. Él, sin un duro. Ella, con su hucha de niña.
Los gustos eran tan dispares que más que gustos parecían disgustos. Si los ves juntos nunca pensarías que son pareja. Él viste como si Che Guevara siguiese vivo. Ella, como si en el mundo sólo hubiese boutiques. Nadie daría ni un céntimo de euro por ellos. A ella le nace un sol de risa en la boca cada dos segundos. Él no se toma de broma ni un chiste. Él cree que el mundo es un desastre. A ella los conflitos planetarios le dan igual. Sólo le interesa ser feliz de la mañana a la noche. El es incapaz de ir de un sitio a otro en línea recta. Ella es especialista en recorrer las distancias más cortas. Él cree que en el trabajo están conjurados contra su persona. Ella es el alma de su empresa, mejor que comprar flores cada día. A él le encanta el cine húngaro con subtítulos en croata. A ella le van las comedias ligeras y odia los subtítulos. Él nunca lee un libro de menos de seiscientas páginas. Se los estudia. A ella le encantan las revistas en la peluquería.

Nadie daba ni la hora por ellos, pero llevan años juntos. Misterios del amor.
César Casal

lunes, 11 de abril de 2005

Tristeza

De repente, se dio cuenta de que su vida avanzaba lenta, hacia ninguna parte, como la cucaracha que trepaba por la cortina del salón y ni siquiera sabía, con seguridad, si las cucarachas trepan por las cortinas de un salón, Y el salón estaba lleno de libros y, de pronto, le pareció todo un cementerio. Y los libros, las lápidas de esos señores que los escribieron y que figuraban en las portadas, muchos de ellos efectivamente muertos. Y se dio cuenta de que la tristeza es lo contrario de la alegría y que la tristeza también puede matar, por ejemplo, un domingo por la tarde. Y pensó en todos esos barcos que cabecean atados, amarrados, en los muelles del mundo. ¿Qué es mejor? La tormenta en medio del océano o la tormenta de nervios en un vaso de agua. La aventura exterior o la doméstica. ¿Qué es más duro? No lo sabía, mientras miraba a la cucaracha que trepaba y que podía llamarse Gregorio Samsa, como la de Kafka. Recordó él, no Samsa, que, cuando niño, todo funcionaba como la lavadora que estrenó su madre con instrucciones en cinco idiomas. Recordó que el escritor Pessoa decía que él no era pesimista, que era triste, algo muy distinto. La tristeza sólo es necesaria para librarse de ella, y rápido.

César Casal

sábado, 9 de abril de 2005

El poder

¿Quién tiene más poder: el que domina los despachos o el que domina su vida? ¿Qué es mejor: tener peso en la sociedad o tenerlo en tu casa? ¿Quién es más listo: el que tiene la nómina y el coche blindados o el que trabaja su horario y disfruta de la caña diaria o del paseo vespertino? El trabajo sólo es una realización en su justa medida. Los hombres que tienen una agenda frenética viven lo que les plantean sus secretarias. Casi no saben qué será de ellos al día siguiente. Dicen que todo tiene sus plazos, como las malditas hipotecas. Hay momentos para exprimirte y dar todo de ti y otros para mirar cómo se exprimen los demás. Lo peor de entregarte en cuerpo y alma es que te olvidas de mirar hacia dentro, casi te olvidas de quién eres y de por qué haces todo lo que haces. El auténtico poder lo disfruta el que domina sus horas, el que sabe que una sonrisa es una cometa al viento. Cierto es que nuestra sociedad necesita líderes. Pero yo me quedo con los trabajadores honrados, con los profesionales que hacen su trabajo como amanuenses, que cumplen a la perfección, sin vanidades, y se marchan a sus casas para disfrutar de su otra vida: la auténtica.
César Casal González (La voz de Galicia, 8/4/2001
)

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