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viernes, 12 de agosto de 2011

Movimiento

El sol acostándose en las Cíes - Joshua Naraim

Hoy tu recuerdo me acompaña, Indah;
el dolor amargo de tu ausencia también.
Una sonrisa húmeda me invade...
...pero te siento cerca.
Joshua Naraim

Indago en mi trasfondo siempre igual y distinto,
y me comparo: soy lo que callo y lo que no.


De allí llego, de donde el agua recrea el vuelo tembloroso de los pájaros.


Llego como recién venida del misterio:


                     porque me crecen flores en los ojos
                     porque las baldosas procesionan bajo mis pies
                     porque palpita mi memoria en ti.


Aún desconociéndome,
me encontrarás en mis palabras:
yo soy la calle que transitas;
horado mi pensamiento, cesto para atrapar ríos,
me palpo, y me reconozco mapa, desierto,
montaña de limón y laureles de tus países soñados,
aun cuando yo no era.


Luna en cuarto menguante, dibujas sobre la playa mi perfil.
Avenida que da al mar, eres.


                    Sonido a bronce y trémulos violines.
                    Caricia.
                    Maceta de siemprevivas.


Se puede, sí, se puede
decir lo mismo con palabras desconocidas, tantas veces.


                   Tantas.
                  Tantas.


«Movimiento» es la palabra perfecta
y yo no encuentro la que necesito, como la necesito,
para nombrar tu (mitadmía) soledad
en los extremos ciegos
en los que siempre coincidimos.


indah

martes, 31 de mayo de 2011

No importa el orden. Importa la palabra


Oh torpes manos, límites del sueño
Dámaso Alonso.

Mñaana auncnian frteues rchaas de vneito de Lvneate (en el Etsrecho)
Mñaana sreé pjáaro (Lvanadera)
Mñaana plpaaré mis rcaíes (de Pniaspo)


Mñaana «Oh trpoes mnaos, lmíties del sueño»
no seré ave mgriaotira
no plaparé mis ríaces
no crzuaré el absimo
no crzuaré mi absimo Preo quziá... Mñaana




(annuican frteues rchaas de vneito de Lvneate (en el Etsrecho)
tnseo mi slniceio etnre Eruopa y Árifca,
blliucoiso mi rmubo (tú)
me decsbrua etrne dos Cntinnoetes que amo(tus manos)
y los sñueos se aipdaen de mí de raíz a alas.


indah©


Sgeún un etsduio de una uivenrsdiad ignlsea, no ipmotra el odren en elque las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que lapmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima preo la paalbra es untdoo.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Me faltas tú


Recordando a Indah,
porque... tú me faltas, tú: 
como el viento al molino,
como a la mar la barca.

esperando
...que  la noche coloque
la luz
en donde debe,
la sombras donde debe,
y el amor...
en su sitio.


Me faltas tú


La sombra va despacito detrás de la luz,
echando el velo,
en secreta humildad,
con callado andar de amor.
Tagore


Me faltabas tú.


¡Te he buscado tantas veces!
Si me sentía sola, pensaba en tí,
y un suspiro incontenible era
el compañero de mi nostalgia.


Me faltabas tú.


¡Te he pensado tantas veces!
Todo aquello que era hermoso, 
todo aquello que me hacía feliz,
nunca estaba completo.


Me faltabas tú.


¡Te he soñado tantas veces!
Sería feliz sólo con mirarte.
Y cuando tus ojos se vieran en mí,
me sentiría tan plena, tan mujer.


Me faltabas tú.


¡Te he deseado tantas veces!
A ti, amado a quien no conozco.
¿Qué importa?, yo te sé bien
sin conocerte, sé quien eres.


Me faltabas tú.


¡Te he esperado tantas veces!
Te he adivinado entre todos,
no hay un instante de duda,
yo sé que tú estás, que eres.


Me faltas tú

Indah

domingo, 15 de agosto de 2010

Me gusta esperar


Nunca quieres abrir la puerta cuando las mañanas no son como caramelos,
que envueltas, y dentro, guardaban pequeñas emociones;
cuando no tañen honduras 
inquietantes


Me gusta esperar,
que el alba anuncie el nuevo día,
que la primavera vista de gala
los desnudos del invierno,
que el fruto alcance su dulzor en el árbol,
que los niños crezcan sin prisa,
y que las pasiones se transformen en ternuras.
Me gusta esperar que los sueños se cumplan
aunque la realidad los deforme.
Me gusta esperar sin esperar nada.
Quién tiene que llegar llega,
quién tiene que pasar de largo pasa.
En mi soledad acompañada bailan muy juntos la libertad y los afectos.

martes, 25 de mayo de 2010

Ausencia

Guayasamin - "Llanto"

¡Cuanto añora tu luz,
mi oscuridad!
Joshua Naraim

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

Jorge Luis Borges




domingo, 25 de octubre de 2009

Recordándote


Habitas en mi pensamiento, Indah.
Separada quizá por un hilo de sombra,
iluminada por la luz de un recuerdo:
vivo, intenso y añorado.
Joshua Naraim


Alguien ha entrado en la memoria blanca, en la inmovilidad del corazón.

Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos.

Es la ebriedad de la melancolía; como acercar el rostro a una rosa enferma, indecisa entre el perfume y la muerte.

De "Esta Luz". Antonio Gamoneda

martes, 22 de septiembre de 2009

Homenaje íntimo: Emoción y lágrimas


A Indah, que partió hacía la Luz el 24 de mayo de 2009

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices
por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.

Vives en mi silencio, en mi recuerdo,
en mi corazón y sobre todo en tu luz.
¡Buen viaje, amiga!

Joshua Naraim


El secreto

Quiero contarte un secreto que empieza
y nunca acaba, que va y viene, y se va;
quiero contarte que cuando poesía y palabra se alían contra el mundo,
descubren en los surcos que el mar deja en la playa,
hileras de dragones de escamas amarillas;
que, cuando la poesía se une a la palabra,
la luz cae,
se apaga y se consume
nombrando uno por uno el nombre de las cosas
(por eso, un verde más oscuro corona las palmeras)

quiero contarte que entonces se incendia la espalda de
las olas, que llegan las sirenas y secuestran al sol,
que lo oculta tras su daguerrotipo hecho de plata antigua,
y después
(mientras lo llora inconsolable el mar)
lo esconden en los pecios de proa de aquel viejo navío
que surcaba otros Mares en medio de la nada; mas
¿cómo puedo contártelo
si tú no me respondes que acuden en su auxilio
bandadas de cometas -pequeñitas y blancas-
que echan a volar cuando muevo las manos?:

(se suceden naufragios en mis ojos)

pero, poesía y palabra,
dueñas del país de mi Nunca Jamás, me impiden naufragar,
y me cuentan que ser feliz
es
algo muy sencillo: es vivir;
es esperar que vuelvan las sirenas que secuestran al sol,
y ver como, mientras lo llora inconsolable el mar,
con un hilo finito, se cose y se descose (Penélope marítima)
ojales plateados para abrocharse al cielo,
(o a lo mejor... son botones, o quizá... el horizonte);
es,
sentarse,
y esperar que regresen
el aire,
las cometas,
y la última ola -la séptima y más bella- que susurra (ahogado, resucitado, ahogado) mi nombre con sus Labios;

es,
esperar que la noche coloque
la luz
en donde debe,
las sombras donde debe,
y el amor...
en su sitio.

indah

domingo, 19 de junio de 2005

Azul cobalto y oro






¿No ves que estoy creciendo,
mirándome por dentro,
buscándome en la calma?
Beatriz Rivera







Me convocas para que abra los ojos a tus ojos.
En mi voz: paisaje habitado de amapolas, Ángeles y hadas,
tu nombre flota suspendido entre cuatro vocales bajo un cielo Matisse
(puntillismo violeta, azul cobalto y oro).


Con desgana se disuelve la luz entre las gotas,
es mágica su tinta transparente: nadan sobre el papel amebas diminutas;
y me descalzo -de obligaciones-. El mundo se perderá un poema -dices-
Sonrío. ¡Que se lo pierda!:


«¿No ves que estoy creciendo,
mirándome por dentro,
buscándome en la calma?»


me sumerjo en la lluvia; buceo tu paisaje habitado de hipocampos y mimos
(sonidos de gamelán, y pastelitos de arroz para los dioses buenos),
y toda yo, yo toda, alcanzo la tierra prometida
para escuchar mi nombre:
para que me pronuncie, suavito,
el incansable idioma de tus manos.



indah



domingo, 12 de junio de 2005

Alicia


A Indah,
a esa mujer sin rostro
amante de la poesía.

Carlos Oroza,
dedicado a la "alquimia de la poesía"
es de los pocos poetas malditos que aún viven,
y con el que me he tropezado un par de veces.
Cofundador de la revista "Tropos"
e integrantente del movimiento "beat"
fue Premio Internacional de poesía Underground
Joshua Naraim

“Tienes tanto aire en tus manos
que el cielo se te viene abajo”
Carlos Oroza


ALICIA

He venido a verme. Quiero salir y no puedo entrar.
Paso por el lado simplemente y no me llaman.
Y veo a Cátin. La ciudad en sus números y la luz. La calma.

Era en un sexto de un seis de una calle que arrancaba del centro
Una distancia que sólo se conocía por teléfono
Y vino un desconcierto. La calma. Vino la calma.

La calma y mirarás. La mirarás decía
Y sus ojos tenían la precisión táctil de su boca
La calma. Vino la calma.

Y Alicia había declarado al mar calamidad sentimental
Y en el interior había vibraciones incrustadas
Manchas que se reproducían en latidos
Y se esparcían manifestantes y multitudinarios por los escaparates
Donde permanecían horas y días
Con la cabeza apoyada en los cristales.

Alicia tenía la sonrisa. La alegría del que pierde la respiración
Alicia era una mujer que se confundía en principio
Desde la primera escalera de un sexto izquierda
Un séptimo izquierda que arrancaba del centro
Una distancia que sólo se conocía por teléfono
O a través de sus gemidos en el estado íntimo de su soledad.

Y en la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
Alicia buscaba el alivio
Alicia había quedado solo
Porque las lunas de los escaparates estaban todas ocupadas
Y no había un milímetro para apoyar su frente

En los grandes edificios habían puesto andamios
Y en la parte de la ciudad alta
Todas las ventanas estaban ocupadas
Por los delirantes que tenían las frentes agujereadas

Los hombres estaban suspendidos en el aire
Sobre los andamios con las frentes inclinadas en las ventanas

Alicia fue a apoyar su frente a los stops
A los coches que habían quedado aparcados
Y los coches estaban también ocupados
Y las ventanas de los coches Los cristales
Estaban pegados en las frentes que deliraban de dolor.

Alicia fue a refugiarse en la púrpura de los ángeles
Y la púrpura de los ángeles estaba pegada en la frente dolorida de los místicos
Y fue a buscar la cera de los laboratorios eclesiásticos
Y no había solución
La ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
Estaba totalmente ocupada.

Alicia anduvo recorriendo toda la ciudad
Y fue a los stops y a los anuncios publicitarios
Y todos los anuncios
Y los stops
Y la luz piloto de los coches
Estaban ocupados por las frentes que deliraban de dolor.

Alicia fue a ver los ojos abiertos de los animales muertos
Y los ojos abiertos de los animales muertos
Estaban ocupados por las golondrinas
Que se apoyaban contra el ojo derecho de los animales muertos
Del interior de la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza.

Alicia fue a la estación
Donde estaban los coches de los ferrocarriles
A ver si había una posibilidad.

Miraba si había una rendija de luz
Que se introdujera por debajo de las puertas de los trenes
Para apoyar su frente
Pero no era posible
Porque aquella luz que bajaba por debajo de las puertas de los trenes
Estaba ocupada por las frentes de los animales
Que antes se habían nutrido de los enfermos neurálgicos de los trenes
Que viajaban a la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza.

Alicia andaba sola
Y se perdía buscando un espacio en las ventanas
En las lunas de los museos
En los escaparates
Y no había un minuto para apoyar sus latidos
No había llanto
Y no era posible inclinar la cabeza sobre la humedad de una lágrima.

No eran posibles los extraordinarios Las horas fuera
En los relojes no había siquiera una hora
Que penetrase contra el punto neurálgico de la cabeza
Habían desaparecido los pinchazos exteriores
Para luchar contra el dominio interno de la cabeza.
Pero ahora ya no hay nadie en los andamios
Nadie esta con las frentes en las lunas de los escaparates
Ya no hay más frentes acariciando la púrpura de los ángeles
Ya no hay más gente rociándose la frente
Con la cera derretida de los laboratorios eclesiásticos

Ya no hay más
Nadie
Nadie está mirando a los altares
Aproximando la frente a los monumentos
Nadie esta suspendido en la ciudad.

Nadie está de pie buscando el frío de los escaparates
Buscando el frío el viento de las alturas por el cráneo
Nadie
Absolutamente nadie.

Porque todos los que estaban suspendidos
En la ciudad de cristal del arquitecto de suiza
Habían descendido
Se habían desplomado contra el suelo boca abajo
Y habían desocupado todas las estancias
Y sucedía entonces que por el suelo no se podía andar
Porque el suelo estaba repleto de bocas boca abajo
Y el espacio aéreo fue ocupado por otras formas de animales.

Carlos Oroza






lunes, 6 de junio de 2005

Bronce

"Cerezos en flor". Manuel de García
Silencio
y un silencio más profundo
cuando los grillos dudan
Leonard Cohen.








Bajo una sábana de nieve, todo mi abrigo
-por espantar el sueño-
modelo un corazón en barro.
Si me durmiera, borbotearía el bronce fundido
llenando de plenitud el contra molde;
pero yo sé que no se debe: es peligroso dormir bajo la nieve.


Y sonrío
-tan sólo por ejercitar mis músculos-
mientras la tierra extiende sus cabellos frente a mis ojos,
mientras la noche los adorna de imposibles,
mientras los cerezos se afanan en el milagro de su resurrección.


Recopilo pequeños renuncios, tréboles de cuatro hojas,
y espero -por espantar el sueño-
que ocurra algo. Una casualidad tal vez:
la conjunción de todos los planetas, tus pasos sobre el hielo,
el calor de tus manos derritiéndolo: Agosto sobre la fría piel del mundo.


¡Si fuera un cerezo!,
-grito por espantar el silencio mineral que me rodea-
sabrías dónde estoy, trasplantarías mi voz a tierra fértil,
y yo retoñaría, amor. Retoñaría.




indah





viernes, 27 de mayo de 2005

Clausuras interiores.

Ternura. Oswaldo Guayasamin


(A Uma
y su otoño trasvestido en invierno)


Yo soñaba, despacio, geografías; soñaba accidentes,
el curso de los ríos, acantilados, océanos, caminos,
y mares y montañas; y mapas, y fronteras.
Comprometí, compuse senderos de ti -perfectos-.

Atrás habían quedado los templos interiores,
las catacumbas,
el pan,
el vino,
el agua,
las especias;
y del recuerdo me resguardaba la última clausura de la luna.


Todo era mío: te soñaba; y acomodada en el vértigo,
dibujaba -perfectos- la espina,

el pájaro,
las hojas.

Te soñaba. Despacio. Con los brazos abiertos como alas;
y recreándose, mimaba mi voz tu voz en cada sílaba:


baldío fue acurrucar el alma en la palabra,
baldío retenerte en el escorzo en vuelo de tu nombre,
y baldío, escribirlo en el agua.


Baldío; sin riendas, sin dueño: un temblor,
un reflejo, el grito -murmurado bajito-
otra vez; otro nombre; y lo supe.


Mi tren, dragón devorador de inocentes princesas,
resoplaba en la vía
-"nunca digas adiós, da mala suerte"-
y el horizonte tiñéndome los ojos,
y allí, en el meandro de la memoria donde se ensancha el río,
el beso de la pluma,
del tacto,
del papel,
y del lápiz con el que escribo esta nota sin un adiós al fondo,
trastocaba mi tristeza en ternura;
en tus manos -colibrí o paloma, espina; rama- un poema;
y en las mías, con un sello, la hoja emborronada, y un destino ilegible;
como resucitar recuerdos tan sólo por el gusto de volver a enterrarlos
o como haber nacido con la piel vieja ya, y herida de muerte el alma.


indah

martes, 24 de mayo de 2005

Plegaria (soneto)

Plegaria. Patricia Rizzo

Libérame, amor, para quererte,
del deshielo de abril, del viento frío,
del golpear continuo del hastío,
de este estar sin estar. De sorprenderte.

De haber llegado a ti. De conocerte.
De soñar con ser flor, torrente, río.
De este tentar tu corazón al mío,
con el zaino capote de la suerte.

Martirio. Sinrazón. Dolor que ensalma,
es este ansiar -¡ansiando poseerte!-
ser sólo sombra azul, tu mar en calma,

tu torre, tu pasión: tu contrafuerte.
Cuando la angustia se adueñe de mi alma:
¡libérame, amor, de esta no muerte!


indah

domingo, 15 de mayo de 2005

Barquito de papel (Ecos de otras voces)




...dejo que mis ojos recorran espacios de un mundo aún no nacido;
adopto la posición del silencio, de la neutralidad;
no quiero mezclarme en sus batallas y, sin ningún remordimiento,
los abandono a su suerte de náufragos.
Indah.



Resuenan los ecos de otras voces: Indah, Joan Manuel, Eduardo. Escuchemos su melodía:
Barquito de papel
sin nombre, sin patrón
y sin bandera
navegando sin timón
donde la corriente quiera.
Aventurero audaz
jinete de papel
cuadriculado
que mi mano sin pasado
sentó a lomos de un canal.
Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar
y navegar
era jugar con el viento
era una sonrisa a tiempo
fugándose feliz
de país en país
entre la escuela y mi casa.
Después el tiempo pasa
y te olvidas de aquel
barquito de papel.
Barquito de papel
en qué extraño arenal
han varado
tu sonrisa y mi pasado
vestidos de colegial.
Joan Manuel Serrat



.
Hola. Yo tengo un barquito de papel. No es gran cosa, pero es mío, y lo sé manejar.
El problema es que no tiene ni vela, ni motor; y la mayoría del tiempo viaja a la deriva, por donde la marea de la vida lo lleve. Aunque a veces uso cualquier cosa que me sirva de vela y así viajo a favor del viento. Claro que esto tiene sus desventajas: el viento no siempre me lleva por buen camino. Entonces saco la mano, la sumerjo en las frías aguas y me pongo a remar, dándole dirección... pero voy lento y muchas veces me pierdo de puro distraído que soy.
Sólo allí es cuando realmente uno todas mis fuerzas, respiro hondo y soplo... soplo como nunca antes, encaminándome velozmente hacia buen puerto. Pero, como no podía ser de otra manera, esto también trae su desventaja: el hacerlo me agota, y sabiendo esto, muchas veces no me propongo a realizar estas maniobras, y así es como sigo sin rumbo, dejándome estar.
Claro que no viajo solo, no. Están todos mis amigos y familiares. Que, al haber tormenta, ellos son los primeros en ayudarme a remar para que no se hunda mi barquito de papel. También me ayudan a buscar un destino propicio. De otro modo, cualquier destino puede ser engañoso, al no tener ningún mapa que me oriente.
Además, existe una balsa, detrás, llevando mis amores pasados y amigos que ya no están. No me resigno a dejarlos ahogarse en el frío océano, por eso los llevo conmigo aunque no quieran o no puedan subir a bordo. La até con una cuerda cortita, para mantenerlos cerca. En caso de que necesiten ayuda, con que emitan un leve suspiro ya los escucho y trato de estar ahí, dando una vuelta a mi timón.
Como ya dije, no es gran cosa, pero es mío y lo quiero tal como es. Las aventuras vividas aquí arriba no tienen comparación, no es que sean proezas inigualables, es que las vivo yo y para mi, junto a mis seres queridos.
Así que ya saben, están todos invitados a mi barquito, que aunque sea de papel, es muy amplio y hay lugar para todos.
Cuando vean en alguna bocacalle un barquito de papel, no lo pisen! Puede ser mi barquito, o el de otra persona, tratando de buscar una vereda donde de el sol siempre y nunca se acabe el agua.

Dedicado a todos aquellos que me soportan día a día, sin que les importen mis defectos. ¡Gracias por remar junto a mi!
Eduardo Battaglia

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