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sábado, 4 de septiembre de 2010

A veces, el presente es


Al silencio que me crea,
a la luz que me sostiene.


A veces, me sorprendo soñándome con tu esplendor en mis sueños
-en cada flor la mano, en cada piedra el alma, en cada jarro
sin asa la perfumada soledad, en cada dura orilla
la templanza, en cada abrazo la verdad, en cada fruto el cielo,
en cada copla el infierno de lo que nunca pudo decirse-,
me sorprendo soñándome con un soñar lento hacía arriba,
-cuando andes deprisa, teme al agua en la sequía: la víbora
acecha como el rayo en el olivo, el tiempo en lo que hace el tiempo-,
y no quiero soñarme ni soñarte, sino vivir y andarte
como se vive lo lejano sin saber que es la lejanía:
nunca volveré a buscarme allí donde dejé una altura de sueños.


Presente, sabiduría interior, camino hacía la mansedumbre,
quiero ser como el trigo al viento: remolino de cielo, tierra
firme, nube de lluvia, pan para el hambre de amor, altura
cifrada, infinitud recogida en tiempo, y finitud sin carencia
-el niño muerde la luna creyendo que es un vuelo de cisne,
así muerdo el verso para olvidar la manzana que hirió la lumbre-.


Presente, te aparto el tiempo que te sobra y te doy el que te falta:
abro caminos para el tiempo por donde fluya sin rozar
al alma, donde se estreche como junco buscando la luz,
donde se ensanche como un monte, un campo, un azul en la pintura.


Presente, te busco y creo al amor en la piedra para tu búsqueda
-sabrás su amor por su manera de recoger el espliego,
conocerás su alma por su manera de cortar el agua-,
te busco en mis límites, me pierdo entre el conocimiento y tristeza;
me busco y encuentro la nada donde algo debió ocurrir
y no ocurrió, donde algo no debió ocurrir y ocurrió sin dicha;
me busco en ti y encuentro la paz, mansedumbre, sueño de tu sueño;
busco a quien mide, a quien canta lo hondo y te encuentro en un
vuelo de cisne.


A veces, me sorprendo: la hierba se detiene en la boca
del aire, y lo que fue y lo que será son sólo eterno presente.


Sara Pujol Russell. De "Instacto asombro en la luz del silencio"

domingo, 25 de noviembre de 2007

Enséñame, amor



A Uma

“El amanecer es tu cuerpo y todo
lo demás todavía pertenece a la sombra.”
José Ángel Valente


Enséñame, amor, la permanencia de lo amado en el amor.
Enséñame el aire que mesa las hojas de los sauces
y el lento vuelo de los álamos por las aguas frías.
Enséñame a vivir como una alondra en las ramas de tu aire,
vivir como un beso en la tarde de azahar que vive en ti.
Enséñame la fuerza del río en los montes y la suave
fe de los frutos que se ignoran a sí mismos para ser fruto.
Enséñame la eterna sabiduría del bosque en marzo,
la belleza de lo que no tiene nombre y vive en la sonrisa.
Enséñame a soñar con el tranquilo aroma de tu abrazo,
a ser rosal de calma y lluvia en la tormenta que me niega.
Enséñame en tu cuerpo la palabra; en tu piel, la alegría;
en tu beso, la libertad; en tu ausencia, el fuego de la ausencia.
Enséñame el asombro, a correr por la soledad como un canto,
a sentarme en los árboles y los ríos y permanecer,
a ser algo más que tristeza, carne y brevedad fundidas,
a ser llama de tu llama y paz en la paz de tu cuerpo.
Enséñame a elevar los montes sobre el río, a elevar playas
sobre la nieve, el desencanto, el desasosiego y el olvido.
Enséñame tu cuerpo. Enséñame la vida con tus manos.
Enséñame, amor, hoy que es otoño, a parecerme a la vida.

Sara Pujol Russell



domingo, 1 de mayo de 2005

TEMO

"Una vez más desciende la tristeza
como reptante sierpe a ras de suelo."
José Ángel Valente.
Temo a la luz y temo a la umbrosa oscuridad, temo a la reja
y temo a la libertad. Temo a la vida y a lo que no es fugaz.
Temo al amor y a la ausencia de amor, a la soledad y a todas
sus ausencias, a la flor y a su bagaje de primaveras.
Me temo a mí y al mundo, y soy puro temor hecho demora.
Huyo de la angustia y la angustia me aplica su rigor y su ley.
Huyo del pasado, y el presente es medida del pasado.
Huyo del mundo, y de mí, y todo vuelve a mí en forma de duda,
de hojarasca, de realidad sobre la misma realidad alzada,
de temor, pena y alegría, de racimos de uva inalcanzable.
Temo y huyo constantemente, sin límite ni finalidad
ni razón. ¿Adónde ir? ¿Cómo he llegado a mi cuerpo hecho de selva
y espinas? Sólo el largo viaje de la palabra me serena.
Sólo me serena el lento viaje del árbol hacia su nido.
Sara Pujol Russell

sábado, 30 de abril de 2005

CONTEMPLACIÓN PRIMERA

"Y todas las cosas para llegar a ser se miran
en el vacío espejo de su nada."
José Ángel Valente

Amanece febrero. Mediodía. El tiempo no se sucede.
Qué belleza el agua y la tregua que así se contemplan y callan,
el aire que suave me respira y a mí sabe, y sabe de mí
y me roba el alma para entregármela después transparente
y feliz. El aire me conduce ligera por los campos de heno
de mi corazón, ahora tranquilos, liberados, llenos
de esta savia nueva y esta fuerza indulgente que me colma.
Inmovilidad ante el mundo. Inmovilidad del mundo
que, suave y silencioso, me encauza hacia mí misma
y vuelo amorosamente sobre lo que ha sido y lo que será.
Qué feliz lejos de todo, todo lejos: el verano,
las regiones saladas, el tiempo, la distancia, la vida.
La palabra es la mirada. Con sorpresa, levanto los ojos
y contemplo con emoción que el mar me mira. ¡Felicidad!
Y también las palmeras, la arena de azafrán y aquel antiguo
olivo tuyo. ¡Oh, Señor! La música me asombra. Me escucha.
Por primera vez, estoy en ellos y ellos en mí. Mi corazón
henchido de mi alma y mi alma henchida de mi corazón.
¡Armonía buscada siempre fuera cuando estabas tan cerca!
¡Ceguera de la donación que nos ciega y ciega a los otros
y más nos hiere y nos deja con la vida contra la vida!
Mediodía. El tiempo no se sucede. Salgo de mí y voy a él
y a él me debo. Por fin, la unión deseada me ha sido concedida.

Sara Pujol Russell

ENSÉÑAME, AMOR

"Yo concibo el espíritu como el olor de una rosa; que siendo ella tan
pequeña por mayor que sea, él puede hacer una rosa del tamaño de la luz
del día o de la sombra de la noche."
Juan Ramón Jiménez



Enséñame, amor, la permanencia de lo amado en el amor.
Enséñame el aire que mesa las hojas de los sauces
y el lento vuelo de los álamos por las aguas frías.
Enséñame a vivir como una alondra en las ramas de tu aire,
vivir como un beso en la tarde de azahar que vive en ti.
Enséñame la fuerza del río en los montes y la suave
fe de los frutos que se ignoran a sí mismos para ser fruto.
Enséñame la eterna sabiduría del bosque en marzo,
la belleza de lo que no tiene nombre y vive en la sonrisa.
Enséñame a soñar con el tranquilo aroma de tu abrazo,
a ser rosal de calma y lluvia en la tormenta que me niega.
Enséñame en tu cuerpo la palabra; en tu piel, la alegría;
en tu beso, la libertad; en tu ausencia, el fuego de la ausencia.
Enséñame el asombro, a correr por la soledad como un canto,
a sentarme en los árboles y los ríos y permanecer,
a ser algo más que tristeza, carne y brevedad fundidas,
a ser llama de tu llama y paz en la paz de tu cuerpo.
Enséñame a elevar los montes sobre el río, a elevar playas
sobre la nieve, el desencanto, el desasosiego y el olvido.
Enséñame tu cuerpo. Enséñame la vida con tus manos.
Enséñame, amor, hoy que es otoño, a parecerme a la vida.

Sara Pujol Russell

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