domingo, 15 de mayo de 2005

Barquito de papel (Ecos de otras voces)




...dejo que mis ojos recorran espacios de un mundo aún no nacido;
adopto la posición del silencio, de la neutralidad;
no quiero mezclarme en sus batallas y, sin ningún remordimiento,
los abandono a su suerte de náufragos.
Indah.



Resuenan los ecos de otras voces: Indah, Joan Manuel, Eduardo. Escuchemos su melodía:
Barquito de papel
sin nombre, sin patrón
y sin bandera
navegando sin timón
donde la corriente quiera.
Aventurero audaz
jinete de papel
cuadriculado
que mi mano sin pasado
sentó a lomos de un canal.
Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar
y navegar
era jugar con el viento
era una sonrisa a tiempo
fugándose feliz
de país en país
entre la escuela y mi casa.
Después el tiempo pasa
y te olvidas de aquel
barquito de papel.
Barquito de papel
en qué extraño arenal
han varado
tu sonrisa y mi pasado
vestidos de colegial.
Joan Manuel Serrat



.
Hola. Yo tengo un barquito de papel. No es gran cosa, pero es mío, y lo sé manejar.
El problema es que no tiene ni vela, ni motor; y la mayoría del tiempo viaja a la deriva, por donde la marea de la vida lo lleve. Aunque a veces uso cualquier cosa que me sirva de vela y así viajo a favor del viento. Claro que esto tiene sus desventajas: el viento no siempre me lleva por buen camino. Entonces saco la mano, la sumerjo en las frías aguas y me pongo a remar, dándole dirección... pero voy lento y muchas veces me pierdo de puro distraído que soy.
Sólo allí es cuando realmente uno todas mis fuerzas, respiro hondo y soplo... soplo como nunca antes, encaminándome velozmente hacia buen puerto. Pero, como no podía ser de otra manera, esto también trae su desventaja: el hacerlo me agota, y sabiendo esto, muchas veces no me propongo a realizar estas maniobras, y así es como sigo sin rumbo, dejándome estar.
Claro que no viajo solo, no. Están todos mis amigos y familiares. Que, al haber tormenta, ellos son los primeros en ayudarme a remar para que no se hunda mi barquito de papel. También me ayudan a buscar un destino propicio. De otro modo, cualquier destino puede ser engañoso, al no tener ningún mapa que me oriente.
Además, existe una balsa, detrás, llevando mis amores pasados y amigos que ya no están. No me resigno a dejarlos ahogarse en el frío océano, por eso los llevo conmigo aunque no quieran o no puedan subir a bordo. La até con una cuerda cortita, para mantenerlos cerca. En caso de que necesiten ayuda, con que emitan un leve suspiro ya los escucho y trato de estar ahí, dando una vuelta a mi timón.
Como ya dije, no es gran cosa, pero es mío y lo quiero tal como es. Las aventuras vividas aquí arriba no tienen comparación, no es que sean proezas inigualables, es que las vivo yo y para mi, junto a mis seres queridos.
Así que ya saben, están todos invitados a mi barquito, que aunque sea de papel, es muy amplio y hay lugar para todos.
Cuando vean en alguna bocacalle un barquito de papel, no lo pisen! Puede ser mi barquito, o el de otra persona, tratando de buscar una vereda donde de el sol siempre y nunca se acabe el agua.

Dedicado a todos aquellos que me soportan día a día, sin que les importen mis defectos. ¡Gracias por remar junto a mi!
Eduardo Battaglia

sábado, 14 de mayo de 2005

Al alba


Suena Aute en el CD,
-ya no está de moda.
Sus canciones ocultan tantos recuerdos...
Con melancolía contemplo retazos de mi vida
como en un imaginario, antiguo y deshilachado albún de fotos.
Paseo, de su mano, por el amor y el deseo
de un tiempo extraviado
y una extraña combinación de amor y tristeza
me invade.
La belleza herida del momento
alcanza su climax en una canción: "Al alba"
La más bella y triste canción de amor que he escuchado.
Joshua Naraim
"Me acabaré yo antes que mi amor,
es cierto.
Al girar de los tiempos
regresaré a buscarlo
en una barca pequeña
de velas y juncos."
Pedro Pablo Gutiérrez
Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada,
no sé qué estrellas son éstas
que hieren como amenazas
ni sé qué sangra la luna
al filo de su guadaña.
Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.
Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas,
comen las últimas flores,
parece que adivinaran
que el día que se avecina
viene con hambre atrasada.
Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.
Miles de buitres callados
van extendiendo sus alas,
no te destroza, amor mío,
esta silenciosa danza,
maldito baile de muertos,
pólvora de la mañana.
Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.
Luis Eduardo Aute

viernes, 13 de mayo de 2005

De "La lentitud de los bueyes"


Vuestro silencio y mi quietud se compensaron mientras duró el invierno y el fuego azul de los sarmientos.

Vuestro silencio fue más viejo y apagado que mi ausencia.

Después, alguna tarde, nos agrupamos todos en las tabernas de la desposesión, y allí bebimos el vino más amargo de la tierra.

La materia, inferior al instinto, cayó sobre nosotros en aluvión de piedras y retama.

Y ahora ocultamos en lugar seguro la sangre de aquel árbol que resistió al diluvio y al amor del esparto.

Ahora el silencio resuena en la mañana con timbres nunca oídos y su vientre destila grumos agrios.

Nadie conoce el valle del silencio ni las acequias verdes que cruzan nuestras almas.

Nadie se acerca hasta el lugar agreste donde madura la locura como un fruto.

Pues el silencio crece como vid silvestre y nuestros cuerpos resuman mansedumbre.

Julio Llamazares

miércoles, 11 de mayo de 2005

¿De qué va?

"Alrededor de la hembra solar
aún sigue girando oscuro el universo"
José Ángel Valente
-¿De qué va? –preguntó de improviso.
De inmediato supe a qué se refería. Le miré: el gorro de piel y la solapa alzada del chaquetón casi le ocultaban la cara; en sus ojos no había rastro de lágrimas, pero me pareció que estaba sonriendo.
¿De qué va el qué? –dije.
-La novela -contestó.
-Ah, eso –dije con un gesto a la vez suficiente y despreocupado, como si la inexplicable displicencia de Rodney respecto e ese asunto no hubiese sido causa de que yo suspendiera nuestros encuentros en Treno’s-. Bueno, en realidad todavía no estoy muy seguro…
-Me gusta –me interrumpió Rodney.
-¿Qué es lo que te gusta? –pregunté, atónito.
-Que aún no sepas de qué va la novela –contestó-. Si lo sabes de antemano, malo: sólo vas a decir lo que ya sabes, que es lo que sabemos todo. En cambio, si aún no sabes lo que quieres decir pero estás tan loco o tan desesperado o tienes el coraje suficiente para seguir escribiendo, a lo mejor acabas diciendo algo que ni siquiera tu sabías que sabías y que sólo tú puedes llegar a saber, y eso a lo mejor tiene algún interés. –Como de costumbre, no supe si Rodney hablaba en serio o en broma, pero en esta ocasión no entendí ni una sola de sus palabras. Rodney debió notarlo, porque, echando a andar de nuevo, concluyó-: Lo que quiero decir es que quien siempre sabe a dónde va nunca llega a ninguna parte, y que sólo se sabe lo que se quiere decir cuando ya se ha dicho.

Javier Cercas. La velocidad de la luz.

viernes, 6 de mayo de 2005

CELEBRACIÓN COMPARTIDA

"A Lilian y Wendy en el día de su cumpleaños"

La prisa es una carrera hacia la muerte.
La lentitud detiene el tiempo,
ensancha el instante,
propaga la vida en armonía.
ANTONIO COLINAS

EL REGRESADO

Hay puertas que no se abren
hacia atrás.

Soy yo, he regresado, mintió.

Ella siguió llorando.
Esa mañana
Iría a poner flores en su tumba.
JAVIER VELAZA

A Lilian,
lejana en el tiempo,
cercana en la memoria.
A medida que profundizamos en nuestras vidas y maduramos, nos va rodeando un nuevo silencio: el de las personas que crecieron y progresaron con nosotros. Por el contrario, un nuevo fervor nos rodea: el de aquellos que sin suponer nada en nuestras vidas, sin tener intereses, nos muestran su atención y afecto. Esta es la prueba objetiva de que estamos en otro , plano de la existencia, de que no somos lo que fuimos, rotas ya tantas amarras.
ANTONIO COLINAS

A Wendy,
lejana en la distancia,
cercana en el aprecio.
Nos esmeramos en cuidar de nuestras relaciones sociales, no cesamos de hacer planes y proyectos, buscamos incesantemente soluciones fuera de nosotros sin saber que las obras más nuestras, más esenciales, se conforman y maduran inconscientemente en nuestro interior. Incluso hay veces que sentimos cómo esas obras se conforman y maduran en silencio. Maduran como madura la luz del otoño.
ANTONIO COLINAS

martes, 3 de mayo de 2005

ENTRE PARANTESIS

"Que más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada."
José Hierro

ENTRE PARÉNTESIS
Y en el primer latido comenzaste
a recordar el tacto, los colores,
los sonidos y el miedo, como rastros
de todo aquello en lo que no existías.
DEspués amaneció; de entre los otros
alguine vino a contarte muchas cosas
que jamás escuchaste y, sin embargo,
tenías la certeza de saber.
Ahora vives dentro de dos signos
que juegan a encontrar la simetría
de lo que una vez fuiste y lo que esperas.
Javier Cano

domingo, 1 de mayo de 2005

TEMO

"Una vez más desciende la tristeza
como reptante sierpe a ras de suelo."
José Ángel Valente.
Temo a la luz y temo a la umbrosa oscuridad, temo a la reja
y temo a la libertad. Temo a la vida y a lo que no es fugaz.
Temo al amor y a la ausencia de amor, a la soledad y a todas
sus ausencias, a la flor y a su bagaje de primaveras.
Me temo a mí y al mundo, y soy puro temor hecho demora.
Huyo de la angustia y la angustia me aplica su rigor y su ley.
Huyo del pasado, y el presente es medida del pasado.
Huyo del mundo, y de mí, y todo vuelve a mí en forma de duda,
de hojarasca, de realidad sobre la misma realidad alzada,
de temor, pena y alegría, de racimos de uva inalcanzable.
Temo y huyo constantemente, sin límite ni finalidad
ni razón. ¿Adónde ir? ¿Cómo he llegado a mi cuerpo hecho de selva
y espinas? Sólo el largo viaje de la palabra me serena.
Sólo me serena el lento viaje del árbol hacia su nido.
Sara Pujol Russell

sábado, 30 de abril de 2005

CONTEMPLACIÓN PRIMERA

"Y todas las cosas para llegar a ser se miran
en el vacío espejo de su nada."
José Ángel Valente

Amanece febrero. Mediodía. El tiempo no se sucede.
Qué belleza el agua y la tregua que así se contemplan y callan,
el aire que suave me respira y a mí sabe, y sabe de mí
y me roba el alma para entregármela después transparente
y feliz. El aire me conduce ligera por los campos de heno
de mi corazón, ahora tranquilos, liberados, llenos
de esta savia nueva y esta fuerza indulgente que me colma.
Inmovilidad ante el mundo. Inmovilidad del mundo
que, suave y silencioso, me encauza hacia mí misma
y vuelo amorosamente sobre lo que ha sido y lo que será.
Qué feliz lejos de todo, todo lejos: el verano,
las regiones saladas, el tiempo, la distancia, la vida.
La palabra es la mirada. Con sorpresa, levanto los ojos
y contemplo con emoción que el mar me mira. ¡Felicidad!
Y también las palmeras, la arena de azafrán y aquel antiguo
olivo tuyo. ¡Oh, Señor! La música me asombra. Me escucha.
Por primera vez, estoy en ellos y ellos en mí. Mi corazón
henchido de mi alma y mi alma henchida de mi corazón.
¡Armonía buscada siempre fuera cuando estabas tan cerca!
¡Ceguera de la donación que nos ciega y ciega a los otros
y más nos hiere y nos deja con la vida contra la vida!
Mediodía. El tiempo no se sucede. Salgo de mí y voy a él
y a él me debo. Por fin, la unión deseada me ha sido concedida.

Sara Pujol Russell

ENSÉÑAME, AMOR

"Yo concibo el espíritu como el olor de una rosa; que siendo ella tan
pequeña por mayor que sea, él puede hacer una rosa del tamaño de la luz
del día o de la sombra de la noche."
Juan Ramón Jiménez



Enséñame, amor, la permanencia de lo amado en el amor.
Enséñame el aire que mesa las hojas de los sauces
y el lento vuelo de los álamos por las aguas frías.
Enséñame a vivir como una alondra en las ramas de tu aire,
vivir como un beso en la tarde de azahar que vive en ti.
Enséñame la fuerza del río en los montes y la suave
fe de los frutos que se ignoran a sí mismos para ser fruto.
Enséñame la eterna sabiduría del bosque en marzo,
la belleza de lo que no tiene nombre y vive en la sonrisa.
Enséñame a soñar con el tranquilo aroma de tu abrazo,
a ser rosal de calma y lluvia en la tormenta que me niega.
Enséñame en tu cuerpo la palabra; en tu piel, la alegría;
en tu beso, la libertad; en tu ausencia, el fuego de la ausencia.
Enséñame el asombro, a correr por la soledad como un canto,
a sentarme en los árboles y los ríos y permanecer,
a ser algo más que tristeza, carne y brevedad fundidas,
a ser llama de tu llama y paz en la paz de tu cuerpo.
Enséñame a elevar los montes sobre el río, a elevar playas
sobre la nieve, el desencanto, el desasosiego y el olvido.
Enséñame tu cuerpo. Enséñame la vida con tus manos.
Enséñame, amor, hoy que es otoño, a parecerme a la vida.

Sara Pujol Russell

jueves, 28 de abril de 2005

FE DE VIDA (II)

“El amor en los tiempos del cólera es un libro
para leer en la arena de tu vientre”
Cristina Novoa

FE DE VIDA

Nadie sabrá las veces, las mil veces,
después de la tristeza o de la humillación,
que envidié la sonrisa de los cínicos,
esa distancia fría de sus labios
ante la realidad. Son como estatuas
sobre el declive amargo del otoño,
y en las seguridades de la piedra
no conciben el riesgo de la fe,
la luz que se hace vida, pero luego
puede sentir la mordedura,
el veneno amarillo
de la vejez, la quiebra y el ridículo.

No conciben heridas. Serán porque recuerdan
la pureza metálica del justo
que agita su sermón
más allá de las dudas y de las decisiones,
clamando contra el filo de los sueños,
contra la incertidumbre,
sin asumir ninguna
responsabilidad en la quietud,
con su orden de muerte y de injusticia.

Al caminar un día
sobre los arrabales de la Historia,
mientras la luz deshecha buscaba solidez
en el cemento y en los vertederos,
sentí –igual que se perciben
las inquietudes y los atardeceres-
que la verdad abstracta
es legitimación de la mentira.
Y no pude salvarme, ni ser puro,
ni sonreír con labios de distancia.
No me quedé en los márgenes,
ni en mesas de camilla,
ni en la capa del noble, ni en la canción de infierno.

Pero la luz se enfría débil sobre los campos
y quien regresa siente las manchas de la tarde.

Nadie sabrá jamás
las veces, las mil veces,
que envidié la sonrisa de los cínicos,
la pureza metálica del justo,
después de los regresos y de la humillación,
al sentirme manchado por la luz
y al conservar en la memoria,
en la izquierda vacía de mi cama,
como la sombra hiriente del cuerpo que se ha ido,
la memoria dudosa y palpitante
de algún amanecer.

Porque tal vez la vida
sólo nos quiere dar
aquello que después sabe quitarnos.

Luis García Montero

miércoles, 27 de abril de 2005

FE DE VIDA (I)

"Y si nada nos libra de la muerte,
al menos que el amor nos salve de la vida".
Javier Velaza


Esperar junto a este mar (en el que nacieron las ideas)
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas.)
Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de las orquídeas
en las calas olvidadas.
Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie con los relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.
O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.
Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como un remo perdido.
O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.
Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.
Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.
O con sus muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.
O con la luz de todos los azules.
Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.
Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano como a puñado de sal.
O de luz.
Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón –al fin- pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.

Antonio Colinas

domingo, 24 de abril de 2005

Y MIRARSE A LOS OJOS

Han pasado los vientos
y mirarse a los ojos no es sencillo.

Vivir esta ciudad
es pisar un jardín de tachaduras,
la presencia infrectada de lo que ya no existe,
de lo que fue recinto de invierno
o refugio del sol,
teatro de las lluvias y de los conocidos.

Recorrer la memoria de las habitaciones
es provocar la niebla del interrogatorio.
Y no deben hablar, pero se anulan
en un silencio turbio
que delata el pasado de las sombras pacíficas,
los cristales hirientes por donde pisa el orden,
las botellas guardadas en mensajes vacíos.

Porque apago las horas
con el interruptor de los olvidos
y retumban los pasos en el sótano.
Imagínate tú, la habitación,
las llaves en la puerta,
los tacones que cruzan el pasillo,
la cremallera seca
y el cuerpo que no ofrece libertad,
sino cansancio,
calor de más, excusas previsibles.
Así llegan los sueños,
mártires descentrados de un corazón maníatico.

Han pasado las leyes del honos y la vida,
las mejores palabras,
y mirarse a los ojos no es sencillo.

Luis García Montero

viernes, 22 de abril de 2005

NARANJAS Y CIPRESES

“La muerte no consiste
en no poder comunicar
sino en ser ya para siempre incomprendido.”
Pier Paolo Pasolini


Déjalo ya. Recorre este silencio
de naranjas sin sol y cipreses sin luna.
Ahora que la verdad y la mentira
se alejan fatigadas
en el humo amarillo de un desdén,
tendrás que defenderte
de los rencores y el patetismo.
La muerte es un contable
perdido en la inocencia de los números.

Avara, sin excusas,
con sus cuentas inútiles y con sus manos frías,
se acercará a tu casa.
Espera la visita
y reconoce
una extraña dureza familiar
en el último paso.
Quien se arriesga a vivir un sueño ajeno
acaba por ser víctima
de sus propios fantasmas.

Luis García Montero

miércoles, 20 de abril de 2005

HOMBRE SIN OPINIONES


Con palabras manchadas de café
y tibias sobremesas familiares
intuí, por los ecos
de la vida en la paz de los manteles,
esa misma certeza que luego me enseñaron
los tilos y el paraguas
en las conversaciones del otoño.
Sobrevivir
tiene pasos de zorra,
la cordura amarilla del secreto.

Una extensa mañana de cristales helados
me procuró lecciones y maestros,
fórmulas matemáticas y palabras divinas
que no llegué a entender, por que al oírlas
reconocí de nuevo
que el arte de la edad es ser noviembre,
hilvanar los disfraces
con seda ambigua del amanecer
y costuras de luz al mediodía.

Al salir a la calle,
después de visitar algunos bosques
y ver que se convierten en frutas consumidas,
aprendí que no debo
nombrar la soga en casa del ahorcado,
discutir la traición con los traidores,
responder las preguntas del político.

Apoyado en la barra, lentamente
he apurado la copa
de los jardines amarillos
y paso entre los cuerpos de la fiesta
sin desplegar los labios.
Ya no tengo opiniones. Cierro la puerta y voy
en dirección al mundo de mi casa.

He aprendido a callarme cuando me quedo solo.
Luis García Montero

lunes, 11 de abril de 2005

Tristeza

De repente, se dio cuenta de que su vida avanzaba lenta, hacia ninguna parte, como la cucaracha que trepaba por la cortina del salón y ni siquiera sabía, con seguridad, si las cucarachas trepan por las cortinas de un salón, Y el salón estaba lleno de libros y, de pronto, le pareció todo un cementerio. Y los libros, las lápidas de esos señores que los escribieron y que figuraban en las portadas, muchos de ellos efectivamente muertos. Y se dio cuenta de que la tristeza es lo contrario de la alegría y que la tristeza también puede matar, por ejemplo, un domingo por la tarde. Y pensó en todos esos barcos que cabecean atados, amarrados, en los muelles del mundo. ¿Qué es mejor? La tormenta en medio del océano o la tormenta de nervios en un vaso de agua. La aventura exterior o la doméstica. ¿Qué es más duro? No lo sabía, mientras miraba a la cucaracha que trepaba y que podía llamarse Gregorio Samsa, como la de Kafka. Recordó él, no Samsa, que, cuando niño, todo funcionaba como la lavadora que estrenó su madre con instrucciones en cinco idiomas. Recordó que el escritor Pessoa decía que él no era pesimista, que era triste, algo muy distinto. La tristeza sólo es necesaria para librarse de ella, y rápido.

César Casal

sábado, 9 de abril de 2005

El poder

¿Quién tiene más poder: el que domina los despachos o el que domina su vida? ¿Qué es mejor: tener peso en la sociedad o tenerlo en tu casa? ¿Quién es más listo: el que tiene la nómina y el coche blindados o el que trabaja su horario y disfruta de la caña diaria o del paseo vespertino? El trabajo sólo es una realización en su justa medida. Los hombres que tienen una agenda frenética viven lo que les plantean sus secretarias. Casi no saben qué será de ellos al día siguiente. Dicen que todo tiene sus plazos, como las malditas hipotecas. Hay momentos para exprimirte y dar todo de ti y otros para mirar cómo se exprimen los demás. Lo peor de entregarte en cuerpo y alma es que te olvidas de mirar hacia dentro, casi te olvidas de quién eres y de por qué haces todo lo que haces. El auténtico poder lo disfruta el que domina sus horas, el que sabe que una sonrisa es una cometa al viento. Cierto es que nuestra sociedad necesita líderes. Pero yo me quedo con los trabajadores honrados, con los profesionales que hacen su trabajo como amanuenses, que cumplen a la perfección, sin vanidades, y se marchan a sus casas para disfrutar de su otra vida: la auténtica.
César Casal González (La voz de Galicia, 8/4/2001
)

viernes, 9 de julio de 2004

La conciencia y el motor de inyección

Reconozco que soy poco comunicativo y que a primera vista no inspiro mucha confianza ni parece que merezca la pena cambiar dos palabras conmigo. No sé contar chistes, bailo cada mes y medio las sobras de una balada y a ratos presiento en mi espíritu ese estado de mecánica emoción que a muchos reclusos les ayuda a llorar con la mente en blanco. Por acumulación de indiferencia he llegado a no sentir las emociones que antes me embargaban y las he sustituido por sensaciones mucho mas fuertes y descarnadas que me disuaden de compartirlas con alguien. El cansancio vital y el escepticismo me han llevado a imaginar la felicidad como un hecho cruel y paradójico, igual que si contemplase impasible a una hermosa mujer sin alma pariendo en un féretro con las piernas cruzadas. Hay ocasiones en las que la literatura me permite narrar esos estados de ánimo, pero muchas madrugadas me invade una extraña y paralizante obcecación y entonces creo que solo podría expresarme a puñetazos. "Sabes, nena? Me angustia desconocer el origen y el destino del hombre, la composición química de la conciencia y el motor diésel de inyección, con lo cual he decidido afrontar el resto de mi existencia haciendo los méritos justos para no llegar a hombros al cementerio. De niño leí a Proust y a Voltaire, a Shakespeare y a Malarmé, a O´Neill, a Soroyan, a Steimbeck y a Williams, sin olvidar a Turguenev, a Pasternak y a todos esos rusos llenos de caspa y remordimiento, pero con el tiempo he descubierto que la lectura sirve de poco si a la postre vives rodeado de personas cuyo techo intelectual es presumir de quince maneras distintas de estropear la merluza". Ella se me quedó mirando antes de opinar: "Yo no me complico tanto la vida. Me conformo con leer los prospectos de L´Oreal y acertar con un champú que me desengrase el pelo y sirva para limpiar la tapicería del coche". "¿Y el destino del hombre?¿Y los límites de la conciencia, nena?¿Qué hay del precio de la palabra y del valor del silencio?". "No me rompo la cabeza con eso, cielo. Para sobrevivir sólo necesito conocer el horario de los autobuses. ¿Crees sinceramente que importa mucho saber si tienen vértigo las moscas comunes?". A mi amiga M. le traen sin cuidado mis inquietudes existenciales, las angustiosas dudas espirituales, la transformación de la esperanza en resignación. A mi amiga M. lo que le importa de un hombre es que tenga el culo duro y dinero para churrasco y pimientos. Por eso me siento incomunicado. No puedo abrirme con alguien incapaz de leer a Bukowski sin haber hervido antes el libro. Reconozco que a veces me acuesto con ella, pero creo que lo hago para descifrar los misterios del motor diésel de inyección.

Jose Luis Alvite

jueves, 8 de julio de 2004

Deseos

Como bellos cuerpos que la muerte tomara en juventud
y hoy yacen, bajo lágrimas, en mausoleos espléndidos,
coronados de rosas y a sus pies jazmines-
así aquellos deseos de una hora
que no fue satisfecha; los que nunca gozaron
el placer de una noche, o una radiante amanecida.

Konstantino Kavafis

viernes, 2 de julio de 2004

Murallas

Sin consideración, sin piedad, sin pudor
en torno mío han levantado altas y sólidas murallas.

Y ahora permanezco aquí en mi soledad.
Meditando en mi destino: la suerte roe mi espíritu:

tanto como tenía que hacer.
Cómo no advertí que levantaban esos muros.

No escuché trabajar a los obreros ni sus voces.
Silenciosamente me tapiaron el mundo.

Constantino Kavafis
Traducción: José María Alvarez

jueves, 1 de julio de 2004

Emociones



Recordando a “Gioqui”

Ayer asistí a una exposición que recoge obras pertenecientes a dos de las series de grabados: La conquista de Méjico y Emociones, de Oswaldo Guayasamín.

Mi estima por Oswaldo como persona y como artista, proviene del hecho de haber compartido una amiga común, ecuatoriana como él: Gioconda se llamaba, “Gioqui” para los amigos. Una bella mujer que se caso con un buen amigo, pero que murió prematuramente, víctima de una infección a la sangre, en lo mejor de su vida.

Fueron muchas las emociones y los recuerdos que me produjo ésta exposición que contemple con los ojos empañados y la piel erizada.

La obra de Oswaldo Guayasamín nos presenta unos rostros que se reducen a unos pocos rasgos, como tallados a golpes. Rostros sin mirada y cuerpos encogidos que expresan la perpetua agonía del ser humano.

Pero a esa agonía Guayasamín nos opone la ternura de la mano de los colores intensos que acompañan a sus protagonistas: azules, ocres o grises aportan la luz necesaria para hacer llevadero tanto dolor.

El hilo conductor dentro de la obra de este gran muralista es la incontenible fuerza de las manos, manos de oración, de esperanza, de grito, crispadas, cerradas o extendidas, que sugieren la fe del hombre en la esperanza cuando el rostro o el cuerpo no expresan sino su condena.

“A pesar de las miradas heridas de muerte, esas manos vivien y profieren el último grito que puede salvarlo todo. El secreto de Gayasamín consiste en haber sabido crear, a partir de esos gritos frágiles, ambientes poderosos y apasionantes en los que se reconocen los gritos de la humanidad.” (Jeanine Barón)

Gracias a Internet os invito a ver esta exposición casi tal y cual la ví.

La introducción y presentación de la exposición comienza con estas palabras de Pablo Neruda:

Los nombres de Orozco, Rivera, Portinary, Tampayo y Guayasamín
forman la estructura andina del continente. Son altos abundantes, crispados y ferruginosos.
Caen a veces como desprendimientos o se mantienen naturalmente elevados,
unidos territorialmente por la tierra y por la sangre a la profundidad indígena.

(…) Guayasamín es uno de los últimos cruzados del imaginismo;
su corazón es nutricio y figurativo; esta lleno de criaturas, de dolores terrestres,
de personas agobiadas, de torturas y de signos. Es un creador del hombre más espacioso;
de figuras de vid; de la imaginación histórica.

Yo le tengo en mi santoral de santos militares, aguerridos, jugándose siempre el todo por el todo en su pintura.
Las modas pasan por su cabeza como nubecillas, nunca le aterrorizaron.

Presento, y es mucho honor para mí, a este pintor germinativo y esencial,
Seguro de que su universo puede sostenerse aunque nos amenace con un derrumbe cósmico.
Pensemos antes de entrar en su pintura porque después no nos será fácil volver.


Los 20 grabados que componen la exposición en su serie emociones podéis contemplarlas en la siguiente página:

http://www.arteosma.com/guayasamin/index.htm

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