jueves, 5 de septiembre de 2013

El sonido del silencio


Un día, mientras permanecía inmóvil como siempre en el mismo sitio, un maestro vio aparecer en el horizonte una especie de bola de polvo. Aquella bola se hizo más y más grande y el sheik pronto reconoció a un hombre que se le acercaba corriendo y levantaba una enorme polvareda. 

El hombre, que era joven, llegó hasta el maestro y se postró ante él.
- ¿Qué quieres? 

El joven le contestó: 
- Maestro, he venido desde lejos a oírte tocar el arpa sin cuerdas. 
- Como quieras – le dijo el maestro. 

El santo hombre no varió su postura lo más mínimo. No cogió ningún instrumento, no hizo nada. El maestro y el freviente discípulo permanecieron inmóviles. Tras tres días, el joven dejó percibir, quizá por un gesto, una inclinación o un carraspeo, un incipinte cansancio.

- ¿Qué te pasa? – preguntó el maestro. 

El joven dudó un poco. Comenzó a balbucear algunas palabras. Para poder ayudarlo, el maestro preguntó:
- ¿No has oído nada?
 - No – contestó el joven con voz culpable.
 - Entonces, ¿por qué no me has pedido que tocase más fuerte? 

 Maestro: el sonido está dentro de nosotros, en nuestro corazón. Es cuestión de saber escucharlo. 

Fuente: Cuentos Sufis, la filosofía de lo simple

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