domingo, 14 de noviembre de 2010

La bailarina


Una joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia, y había llegado el momento en que se sentía lista para entregarse a la disciplina que la ayudaría a convertir su afición en profesión.


Deseaba llegar a ser la primera bailarina y quería comprobar si poseía las dotes necesarias, de manera que cuando llegó a su ciudad una gran compañía de ballet, fue a los camerinos luego de una función, y habló con el director.


-Quisiera llegar a ser una gran bailarina, le dijo, pero no se si tengo el talento necesario o que me hace falta.


-Dame una demostración, le dijo el maestro.


Transcurrido apenas 5 minutos, la interrumpió, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.


-No, no tiene usted condiciones.


La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado, arrojó las zapatillas de baile en un armario y no volvió a calzarlas nunca más, se casó, tuvo hijos y cuando se hicieron un poco mayores, tomó un empleo de cajera en un supermercado.


Años después asistió a una función de ballet, y a la salida se topó con el viejo director que ya era octogenario, ella le recordó la charla que habían tenido años antes, le mostró fotografías de sus hijos y le comentó de su trabajo en el supermercado, luego agregó: Hay algo que nunca he terminado de entender.


-¿Cómo pudo usted saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina?


-Ahhh, apenas la miré cuando Ud. bailó delante de mi, le dije lo que siempre le digo a todas, le contestó.


-¡Pero eso es imperdonable! Exclamó ella, ¡Arruinó mi vida, pude haber llegado a ser primera bailarina!


- No lo creo, repuso el viejo maestro. Si hubieras tenido las dotes necesarias, y una verdadera vocación para bailar, no habrías prestado ninguna atención a lo que yo dije.


Sin duda, si te crees perdido, estás perdido y si crees que no puedes, pues no podrás.


Si quieres hacer algo pero lo crees imposible, no creo que triunfes jamás.


En la vida no solo el valiente o el veloz triunfa, tarde o temprano el que siempre vence es el que cree que es posible.


Fuente: reflexionesdiarias.wordpress.com

6 comentarios:

mateosantamarta dijo...

Creo que es una buena lección, Joshua: nosotros con nuestra convicción y nuestro trabajo hacemos la profesión: REALIZAMOS LA VOCACIÓN. Me alegra ver de nuevo una entrada tuya que, como siempre,está llena de sabiduría.
Un abrazo.

mirada dijo...

Voluntad y determinismo, :-)
Un besazo,

Laura Rosales. Psicóloga y Experta en Terapia Familiar dijo...

Excelente post.
Me ha encantado

gaia07 dijo...

Es un buen ejemplo para aprender dónde debes poner la confianza en primer lugar. Siempre en ti misma, y después en los demás.

Un beso

AIXA dijo...

uf¡¡ que bello y que cierto,
Lo digo por experiencia ,no perder nunca la confianza en una misma es lo que te ayuda a seguir luchando por lo que una desea.
MIL BESOS.. (me alegro hoshua de encontrarte de vez en cuando por aqui.)

Aire dijo...

Aplaudo la importancia de la propia valoración y de la determinación que da el fuerte deseo de alcanzar un objetivo. Pero me cuidaría de brindar a todas las personas exactamente la misma respuesta, porque en el fondo -aunque aparente en la forma- no es la misma pregunta la que realizan. Fíjate la respuesta que da este hombre en este cuento -que leí en un libro llamado El poder del Ahora:


Un mendigo estuvo junto a una carretera durante más de treinta años. Un día, un desconocido pasó por allí

-¿Una limosna? - murmuró el mendigo, alargando mecánicamente su gorra de béisbol.
- No tengo nada que darte -dijo el desconocido. A continuación preguntó:
- ¿Sobre qué estás sentado?
- Nada -respondió el mendigo-. Sólo una vieja caja. He estado sentado en ella desde no sé cuándo.
- Has mirado dentro alguna vez -preguntó el desconocido.
- No -dijo el mendigo-, ¿para qué? No hay nada dentro.
- Echa una mirada -insistió el desconocido.
El mendigo consiguió abrir la tapa. Con infinita sorpresa, incredulidad y dicha vio que la caja estaba llena de oro.



Por ahora me despido. Besos :)

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