martes, 1 de julio de 2008

Mariposas en la piel

"El valor de ser sensible"
Tener el valor de ser sensible es no tener miedo a vivir,
a sentir o a que los demás puedan escudriñar en tus cavilaciones,
en lo que puedan descubrir a través de los intersticios
que se abren en tu corazón cuando te expresas.
Dani



En estos pocos años he amado por largas horas infinidad de objetos, de actitudes, de imágenes, de abstracciones, recuerdos y falacias. He amado sin duda el sol tibio de las mañanas de verano, un libro que apenas descifré su primer párrafo, unos pocos versos bien logrados, como se ajusta la ropa al cuerpo, el sensual roce de las sabanas en los pies desnudos, el ruido del segundero que corre sobre el reloj cuando estoy de lo más nerviosa, las mariposas en todo el cuerpo.

Mariposas en el cuerpo, soy una mujer. Mariposas en el cuerpo, ellas han trazado infinitamente en mi piel, la cartografía de lugares recónditos de mi espiritualidad, de mi sexualidad, mi vientre. Soy una mujer.

No es por casualidad esta enumeración, nada es casualidad, si pensamos en las causas y las consecuencias..., mis grandes amigos son hombres, y como escritora suelo pensar como hombre, de esta forma es que amo a las mujeres. Amo a las mujeres, he nacido de una, y descubro a mi habitante femenina dentro de mí, batallar contra todas las imágenes de los seres ajenos. Amo a las mujeres por ser simplemente eso, mariposas en la piel, ojos siniestros y amorosos, andar delicado, seres sensuales, adicción, silencio, distancia, luz y como de forma sorpresiva tinieblas que te envuelven y te arrastran (volvemos a decir "adicción"). Amo cada parte de su cuerpo y del mío, el cuello, la comisura de los labios, los cabellos cortos o bien largos, las piernas deformes o perfectas, el abdomen en todas sus formas, y el vientre. El vientre que es creación, que es más mujer que el resto de todas las otras partes; el vientre que es vida, el vientre con su piel suave, con sus augurios de magias insignificantes pero decisivas... Ese vientre que es concupiscible, que es pétalos de rosas castigadas, ese vientre que es piedra hecha polvo, ese vientre que es gotas de rocío que santifican y constituyen en el ser toda la creación de la naturaleza. El pecho, el pecho que es también significancia de vida, de abundancia, de claveles naciendo, del grito del niño que sale al mundo con los ojos cerrados, de la bestia que muere redimida por el amor, quien sucumbe ante un beso, quien se escapa del amor.

Soy un inocente error que en su piel estigmas y jeroglíficos indescifrables que me hacen ser quien soy, una mujer que aún no nace, una niña que espera nacer a mujer, unas mariposas en jubilo que aletean en mi...

Soy una mujer, y tengo la posibilidad del encanto, del hechizo sobre el vientre y sobre el pecho...

Soy otro milagro más.

YaNnet





1 comentario:

Claudia dijo...

Buscando imagenes de mariposas, encontre tus palabras, muy hermosas, yo me he tatuado una mariposa a los 40 años...y me siento tan definida por vos. Muy lindo lo que escribis...haces sentir..y eso no es poco

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