miércoles, 2 de enero de 2008

Uno aprende...






Muchas personas nos acompañan en nuestro primer viaje de crecimiento. Pero pasa el tiempo y en otras etapas en que también debemos crecer...estamos solos.
A quienes nos ayudan a desprendernos del viejo plumaje y con paciencia están junto a nosotros esperando que culmine ese proceso, confiando en que podremos hacerlo, debe ir nuestro mayor agradecimiento, ya que no quedan muchas posibilidades:
Sólo se puede luchar o morir.
¡Tengamos en cuenta la actitud de los grandes y como ellos emprendamos el Vuelo!

*** *** *** ***
Y uno aprende después de un tiempo
uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.

Y uno aprende que el amor no significa recostarse y una compañía no significa seguridad y uno
empieza a aprender...

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas
y que uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos
y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad y después de un tiempo
uno aprende que es demasiado hasta el calorcito del sol quema.

Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma
en lugar de esperar que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar
que uno realmente es fuerte
que unor realmente vale
y uno aprende y aprende.

Y con cada adiós uno aprende.

José Luis Borges

Posted by Picasa


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5 comentarios:

indah dijo...

"Y uno aprende después de un tiempo
uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.

Y uno aprende que el amor no significa recostarse y una compañía no significa seguridad y uno
empieza a aprender..."

Qué bello. Qué bello. Así es, uno aprende eso, y más. Y como bien dice para terminar, con cada adiós uno aprende. Y con cada lejanía, y con cada cercanía. Pobre de quien sólo piense en sí mismo: él será su mapa y podrá recorrerse de norte a sur y 3D y en lineal y en escala y sin escala, pero sólo se recorrerá a sí mismo, aún cuando, incluso, se afane en gritar a los cuatro vientos lo contrario.

¿Has sacado brillo a tus zapatos?

Yo sí : ) Y estoy nerviosa.

indah

Carz dijo...

Espero que uno aprenda a no aprender.

Un abrazo.

+*¨^¨*+ Un AnGe MoRt •·.·´¯`·.·• dijo...

Que bello poema!! Muy evocativo...

De nuevo paseandome por su blog, aprovechando para desearle un feliz 2008 lleno de nuevas experiencias y mucha inspiracion para que siga plasmando sus letras en esta pagina...

Simplemente Olimpia. dijo...

Y uno aprende, y otras...la vida nos lo enseña.

Además de todo eso, aprehendemos.

Olimpia

Sel dijo...

Y uno aprende a...
distinguir entre un señor poeta y mago de la talla de un JORGE Luis Borges, de un aprendiz de poeta de tendencioso seudónimo José Luis Borges que en realidad escribe sus reflexiones estilo autoayuda en forma de poema. A veces circula este mismo "poema" "Y uno aprende", atribuyéndoselo falsamente al maestro JORGE Luis Borges.

Un auténtico poema de JORGE LUIS BORGES

http://www.tinet.org/~elebro/poe/borges/borges3.html

Alguien
.
Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.
.
Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.
.
Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.

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