Esta noche quiero compartir con vosotros un soneto, de autor desconocido que se ha atribuido atribuido al escritor Juan de Ávila y también al religioso agustino Fray Miguel de Guevara y que constituye para mí una de las más hermosas oraciones de todos los tiempos:
SONETO A CRISTO CRUCIFICADO
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
4 comentarios:
Sólo es ciego quien no quiere ver.
El templo que El Maestro reedificó en tres días tiene por centro el corazón.
La miserable utilización que los hombres hacen de las religiones no puede mutilar sus principios: sabios en todas las que conozco.
No soy católico.
Hace poco una amiga publicó este mismo soneto al que ella llamó oración.
Si, también me va mucho mejor la vida desde que dejé de buscar y empecé a creer en mí. Y en ti.
Un cariñoso abrazo.
Oficialmente, Mateo, soy católico, apostólico y romano, por que nací en España, por educación y por familia. Pero en realidad, en mi vida cotidiana e interna soy una amalgama de principios y esencias religiosas, que surgen de la búsqueda espiritual.
Un poco cristiano, bastante búdico, con alguna influencia del sufismo y del hinduismo e incluso con una pizca de ateísmo.
Aunque son muchas las fuentes, el agua, aún con matices, es muy parecida.
Un abrazo
Ufff, Gaia. Creer en ti, está bien, tienes buenas razones para ello; en mi, no deja de ser un acto de fe, y, por supuesto, un halago.
Un abrazooo.
Publicar un comentario