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jueves, 23 de septiembre de 2010

La lección de la mariposa


Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo; un hombre se sentó y observó por varias horas como la mariposa se esforzaba para que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero.


Al cabo de un tiempo, pareció que ella ya no lograba ningún progreso, que había ido lo más lejos que podía en su intento y que no podría avanzar más.


Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: tomó una tijera y cortó el resto del capullo. Así, la mariposa salió fácilmente, pero su cuerpo estaba atrofiado, era pequeño y tenía las alas aplastadas.


El hombre continuó observándola porque esperaba que, en cualquier momento, sus alas se abrirían, se agitarían y serían capaces de soportar el cuerpo, el que a su vez, iría tomando forma.


¡Nada ocurrió!


En realidad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo deforme y alas atrofiadas. Ella nunca fue capaz de volar.


Lo que el hombre, en su gentileza y voluntad de ayudar, no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era el modo por el cual la naturaleza hacía que el fluido del cuerpo de la mariposa llegara a las alas, de tal forma que ella estaría pronta para volar una vez que estuviera libre del capullo.


Algunas veces, el esfuerzo es justamente lo que precisamos en nuestra vida.


Si se nos permitiera pasar a través de nuestras vidas sin obstáculos, seríamos lisiados. No tendríamos la fuerza que podríamos haber tenido, y nunca podríamos volar.


Pedí fuerzas... y se me dio dificultades para hacerme fuerte.


Pedí sabiduría... y se me dio problemas para resolver.


Pedí prosperidad... y se me dio un cerebro y músculos para trabajar.


Pedí coraje... y se me dio obstáculos que superar.


Pedí amor... y se me dio personas para ayudar.


Pedí favores... y se me dio oportunidades.


"No recibí nada de lo que pedí... pero recibí todo lo que necesitaba".

lunes, 21 de diciembre de 2009

El pasado perdido

"Nadie necesita ayuda
para tener problemas"
Proverbio Mahorí

Una joven esperaba el embarque de su vuelo en un gran aeropuerto...
Como tenia una larga espera ante si, decidió comprarse un buen libro y un paquete de galletas. Se sentó lo mas cómodamente que pudo y se puso tranquilamente a leer y a comer, dispuesta a pasar un buen rato de descanso.

Al lado de su asiento, donde se encontraba el paquete de galletas, un hombre abrió una revista y se puso a leer. Cuando ella cogió la primera galleta, el hombre también cogió uno. ella se sintió irritada por este comportamiento, pero no dijo nada, contentándose con pensar "¡que cara dura!"

Cada vez que ella cogía una galleta, el hombre hacia lo mismo.
ella se iba enfadando cada vez mas, pero no quería montar un espectáculo.
Cuando solo quedaba una galleta, pensó "y ahora, ¿que va a hacer este imbécil?
El hombre cogió la galleta, la partió en dos y le dio la mitad.

Bueno, esto era demasiado, ella estaba muy enfadada, en un arranque de genio cogió sus cosas y su libro y salio disparada a la sala de embarque.
Cuando se sentó en el asiento del avión abrió su bolso... y con gran sorpresa descubrió su paquete de galletas intacto y cerrado!!

Se sintió muy mal, no comprendía como se había podido equivocar, olvidó que había guardado su paquete de galletas en el bolso.

El hombre había compartido su galletas con ella sin ningún problema, sin rencor, sin explicaciones de ningún tipo, mientras que ella se había enfadado tanto, pensando que había tenido que compartir sus galletas con el. Y ahora ya no tenia ninguna posibilidad de explicarse ni de pedir excusas.

Hay cuatro cosas que no podremos recuperar nunca mas.....

UNA PIEDRA DESPUES DE HABERLA TIRADO.
UNA PALABRA DESPUES DE HABERLA DICHO.
UNA OCASION DESPUES DE HABERLA PERDIDO.
EL TIEMPO CUANDO YA HA PASADO.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Abrázame, dame tu calor...

A mis queridas brujas

El joven rey Arturo fue sorprendido y apresado por el monarca del reino vecino mientras cazaba furtivamente en sus bosques.

El rey pudo haberlo matado en el acto, pues tal era el castigo para quienes violaban las leyes de la propiedad, pero se conmovió ante la juventud y la simpatía de Arturo y le ofreció la libertad, siempre y cuando en el plazo de un año hallara la respuesta a una pregunta difícil.

La pregunta era:
¿Qué quiere realmente la mujer?

Semejante pregunta dejaría perplejo hasta al hombre más sabio y al joven Arturo le pareció imposible contestarla. Con todo, aquello era mejor que morir ahorcado, de modo que regresó a su reino y empezó a interrogar a la gente.
A la princesa, a la reina, a las prostitutas, a los monjes, a los sabios y al bufón de la corte… En suma, a todos, pero nadie le pudo dar una respuesta convincente. Eso sí, todos le aconsejaron que consultara a la vieja bruja, pues sólo ella sabría la respuesta.

El precio sería alto, ya que la vieja bruja era famosa en todo el reino por el precio exorbitante que cobraba por sus servicios.

Llegó el útimo día del año convenido y Arturo no tuvo más remedio que consultar a la hechicera. Ella accedió a darle una respuesta satisfactoria, a condición de que primero aceptara el precio.
Ella quería casarse con Gawain, el caballero más noble de la Mesa Redonda , y el más íntimo amigo de Arturo.

El joven Arturo la miró horrorizado: era jorobada y feísima; tenía un solo diente, despedía un hedor que daba náuseas, y hacía ruidos obscenos.
Nunca se había topado con una criatura tan repugnante.
Se acobardó ante la perspectiva de pedirle a su amigo de toda la vida que asumiera por él esa carga terrible. No obstante, al enterarse del pacto propuesto, Gawain afirmó que no era un sacrificio excesivo a cambio de la vida de su compañero y la preservación de la Mesa Redonda.
Se anunció la boda y la vieja bruja, con su sabiduría infernal, dijo:

Lo que realmente quiere la mujer es ser soberana de su propia Vida.

Todos supieron al instante que la hechicera había dicho una gran verdad, y que el joven rey Arturo estaría a salvo.
Y así fue, al oír la respuesta, el monarca vecino le devolvió la libertad.
Pero menuda boda fue aquella… Asistió la corte en pleno, y nadie se sintió más desgarrado entre el alivio y la angustia, que el propio Arturo.
Gawain se mostró cortés, gentil y respetuoso mientras que la vieja bruja hizo gala de sus peores modales: engulló la comida directamente del plato sin usar los cubiertos, emitió ruidos y olores espantosos, etcétera, etc étera. (¡Qué asco!)
Llegó la noche de bodas y cuando Gawain, ya preparado para ir al lecho nupcial, aguardaba a que su esposa se reuniera con él, apareció ella con el aspecto de la doncella más hermosa que un hombre desearía ver.
Gawain quedó estupefacto y le preguntó qué había sucedido.
La joven respondió que como había sido cortés con ella, la mitad del tiempo se presentaría con su aspecto horrible, y la otra mitad con su aspecto atractivo.
¿Cuál preferirías para el día, y cuál para la noche?

¡Qué pregunta cruel!
Gawain se apresuró a hacer cálculos… ¿Querría tener durante el día a una joven adorable para exhibirla ante sus amigos y por las noches en la privacidad de su alcoba, a una bruja espantosa?
¿O prefería tener de día a una bruja, y a una joven hermosa en los momentos íntimos de su vida conyugal?
¿Y tú qué hubieras preferido? ¿Qué hubieras elegido?
La elección que hizo Gawain está más adelante, pero antes de leerla toma tu propia decisión…
y prosigue…




El noble Gawain replicó que

LA DEJARÍA ELEGIR POR SÍ MISMA.

(¡Genial!)

Al oír esto, ella le anunció que sería una hermosa dama, de día y de noche, porque él la había respetado y le había permitido ser dueña de su vida.
¿Cuál es la Moraleja ? La moraleja está más abajo, pero antes de leerla piensa en ella…

LA MORALEJA ES QUE NO IMPORTA SI LA MUJER ES BONITA O FEA, ¡EN EL FONDO SIEMPRE ES UNA BRUJA INTELIGENTE!










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