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lunes, 1 de noviembre de 2010

Las palabras...

Las palabras que se utilizan son importantes. El cambio en una sola palabra de un título, por ejemplo, de una página web, puede aumentar el interés y el número de sus lectores. Una buena metáfora que ilustre la idea que quieres transmitir, puede que toque la fibra sensible que necesitas para  llevar a cabo la transformación mágica precisa para  lograr tu objetivo. Veámoslo con esta  historia:

EL CIEGO Y EL PUBLICISTA


Había un ciego sentado en un andén de París con una gorra a sus pies y un pedazo de cartón escrito con tiza negra: 
"Por favor ayúdeme soy ciego".


Un publicista del área creativa que pasaba enfrente de él, paró y vió unas pocas monedas en la gorra.
Sin pedir permiso, agarrró el letrero, lo volteó, tomó la tiza, y escribió otro anuncio, volvió a colocar el pedazo de cartón a los pies del ciego y se fué.


Al caer la tarde, el publicista volvió a pasar enfrente del ciego que pedia limosna. Su gorra, ahora, estaba llena de notas y monedas.


El ciego reconoció las pisadas del publicista y le preguntó si habia sido él quien reescribiera el letrero, sobretodo queriendo saber lo que habia escrito.


El publicista respondió: "Nada que no esté de acuerdo con su anuncio, pero con otras palabras" y sonriendo continuó su camino.


El ciego nunca supo lo que estaba escrito, pero su nuevo letrero decia: "Hoy es primavera y yo no puedo verla".

 "Hoy es primavera y  no puedo verla".

Podéis ver esta historia en vídeo en: "El ciego y el publicista"







martes, 9 de septiembre de 2008

Lecciones de vida (2)


A Nuria
(...la violencia no tiene porqué ser física.)

"Quién me insulta siempre no me ofende jamás"
Victor Hugo


De niño, Arún Gandhi no creía en la paz, sino en la venganza. El quinto de los 14 nietos de Mahatma Gandhi, líder espiritual y político de La India conocido por su filosofía y práctica de la no-violencia, estaba obsesionado con devolverles la paliza a la panda de sudafricanos que, cuando tenía 10 años, le golpearon y humillaron debido al color aceitunado de su piel. Demasiado oscura para los racistas blancos. Pero demasiado clara para que los negros le consideraran uno de los suyos. Arún nació en la ciudad de Durban, Sudáfrica, en abril de i934. Allí nacieron también sus dos hermanas, Sita y Ela, y allí conoció en sus carnes lo que es el odio, la injusticia y la violencia, para después dedicarse a llevar a todas partes un mensaje de paz. Ahora, con 70 años, pocas arrugas para su edad, gafas y una cuidada barba plateada, el incidente que le marcó de chaval sigue siendo un “recuerdo intenso”, confiesa.

Con la esperanza de que pasar un tiempo con su abuelo ayudaría a Arún, de 12 años, a controlar su furia y a afrontar los prejuicios de los otros por medios no-violentos, sus padres (Manilal, el segundo de los cuatro hijos –todos varones– de Mahatma Gandhi, y su esposa Sushila) lo llevaron a La India en 1946, para que viviera con su abuelo. Fue el último año y medio de vida de Mohandas Karamchand Gandhi (su verdadero nombre). Dieciocho meses que cambiaron la vida de Arún, quien, ya adulto, siguió los pasos de su abuelo, asesinado el 30 de enero de 1948 por un nacionalista hindú que se oponía a la tolerancia con la minoría musulmana.

Arún vivió hasta 1956 en Sudáfrica, donde pasó 14 años en prisiones por oponerse al régimen del apartheid. Después vivió en La India durante unos 30 años, hasta que en 1987 se instaló en Estados Unidos. Su etapa en La India fue muy productiva. Fundó, junto a su esposa Sunanda, el Centro para la Unidad Social, para ayudar a la gente pobre del país y aliviar la discriminación de las castas. Escribió libros y se dedicó al periodismo en el Times indio. De las ocho obras que ha escrito, su preferida es "Un legado de amor: mi educación en la vía de la no-violencia", en la que cuenta lo que aprendió de su familia sobre la verdad, la ira, la humildad, la disciplina, la moralidad y la espiritualidad. De los libros de su abuelo, considera esencial su autobiografía.

Vivimos una época en la que matar es como talar árboles. ¿Qué diría y qué haría Gandhi para alcanzar la paz en el mundo? “Su mensaje en todo tipo de conflictos siempre ha sido que hay que encontrar soluciones pacíficas. Lamentablemente, durante muchas generaciones hemos elegido afrontar los conflictos de manera violenta, suprimirlos en lugar de resolverlos y hacerlo por medios violentos”, dice este hombre alto, sereno y corpulento, con ojos de ébano húmedo. Y agrega qué le diría Mahatma Gandhi a Estados Unidos: “Hay que hacer una introspección y descubrir por qué tanta gente en el mundo nos odia y nos quiere hacer daño, para después corregir nuestras relaciones de modo que la gente no nos odie”.

El nieto acaba de visitar Palestina e Israel, donde se produce este encuentro. Dice sentir “un gran dolor debido al enorme odio y violencia que hay aquí”, ya que “esperaba que en Tierra Santa hubiera más paz y amor”. Los viajes forman una parte importante de su vida “para plantar las semillas de la no-violencia en las mentes”, explica. Además de viajar, Arún, que tiene cinco doctorados honoris causa (“no los merezco”, señala), se dedica a dar conferencias en universidades y otras instituciones de todo el mundo, a ver gente y a ir a la oficina, donde responde cientos de e-mails y habla por teléfono sin cesar.

“Tanto mi abuelo como mis padres tienen un gran significado para mí. Aprendí mucho de ellos, nos amaban, entendían y dieron una base. Actualmente no concedemos a nuestros hijos suficiente tiempo ni comprensión”, cuenta. Recuerda que su abuelo también le dio amor; era muy cariñoso pese a ser una persona muy ocupada; todos los días le dedicaba al menos una hora sólo a él. El amor, esa palabra... ¿Qué es para Arún Gandhi? “Respetar y entender a todo tipo de gente”, dice con sonrisa tierna y un deje de timidez. También comenta que el amor de los mayores en La India es distinto al de Occidente. Es más considerado; significa dar atención, hablar..., son pequeñas cosas que marcan una gran diferencia. Y señala que en Occidente, en lugar de atención, tiempo y amor, los padres tratan de comprar el cariño de sus hijos con objetos materiales.

Mahatma Gandhi (el nombre significa “el gran alma”), le enseñó a su nieto que existe una violencia física y una violencia pasiva. “De él aprendí que la violencia que existe en el corazón de los hombres tiene muchas caras y en ocasiones es inconsciente”. La violencia física es lamentablemente obvia, y en la actualidad la hay en sobredosis en nuestro planeta. Según Arún Gandhi, “también la violencia pasiva ha pasado a formar parte de la naturaleza humana, y se manifiesta de muchas maneras: en cómo educamos a nuestros hijos, lo que hacemos o no hacemos por ellos, el odio, los prejuicios, la intolerancia, la ira, los abusos, la opresión. Es, de alguna manera, actuar como si el otro no existiera. O no tuviera dignidad”.



domingo, 7 de septiembre de 2008

Lecciones de vida



El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y el fundador del instituto M.K. Gandhi para la Vida Sin Violencia en su lectura del 9 de Junio en la Universidad de Puerto Rico, compartió la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia en el arte de sus padres:

“Yo tenia 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado a 18 millas en las afueras de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar.

Estábamos bien adentro del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mi siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine.

Un día mi padre me pido que le llevara a la ciudad para atender una conferencia que duraba el día entero y yo salté a la oportunidad.

Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes como llevar el auto al taller.

Cuando despedí a mi padre el me dijo: Nos vemos aquí a las 5 p.m. y volvemos a la casa juntos.

Después de muy rápidamente completar todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me enfoqué tanto con la película, una película doble de John Wayne que me olvidé del tiempo. Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé.

Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p. m.

El me preguntó con ansiedad: Por que llegas tarde? Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar…esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.

Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: "Algo no anda bien en la manera que te he criado que no te ha dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y pensar sobre esto".

Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que ni estaban cementados ni iluminados. No lo podía dejar solo…así que yo manejé 5 horas y media detrás de el…viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.

Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir.

Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso… Si me hubiese castigado de la manera que nosotros castigamos a nuestros hijos…hubiese aprendido la lección?… No lo creo…

Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo…

Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer…

Esto es el poder de la vida sin violencia.




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