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martes, 1 de diciembre de 2009

Habitación con vistas a tu cuerpo


Mi futuro y Heráclito

Imprevisible amor de muchos años.
Nadie besa dos veces
a la misma mujer.



Nuevas confesiones

Ese otro,
también te ama.

Darío Jaramillo Agudelo

Es que no eras el mismo,
me dices con los ojos quemados de mirarme.

Te dolía la casa,
viajabas demasiado y sin motivo,
rodabas por el humo de la noche
igual que el sueño roto de la mesa,
parecías amargo,
muy perdido,
tal vez por otros cuerpos,
tal vez por una fecha
en la vida de nadie,
una cita sin año ni estación.

El cuervo de la lluvia cruza por la ventana.

Cuando yo no era el mismo,
te quería también.

Luis García Montero. De "Vista cansada"

lunes, 29 de septiembre de 2008

Abrázame, dame tu calor...

A mis queridas brujas

El joven rey Arturo fue sorprendido y apresado por el monarca del reino vecino mientras cazaba furtivamente en sus bosques.

El rey pudo haberlo matado en el acto, pues tal era el castigo para quienes violaban las leyes de la propiedad, pero se conmovió ante la juventud y la simpatía de Arturo y le ofreció la libertad, siempre y cuando en el plazo de un año hallara la respuesta a una pregunta difícil.

La pregunta era:
¿Qué quiere realmente la mujer?

Semejante pregunta dejaría perplejo hasta al hombre más sabio y al joven Arturo le pareció imposible contestarla. Con todo, aquello era mejor que morir ahorcado, de modo que regresó a su reino y empezó a interrogar a la gente.
A la princesa, a la reina, a las prostitutas, a los monjes, a los sabios y al bufón de la corte… En suma, a todos, pero nadie le pudo dar una respuesta convincente. Eso sí, todos le aconsejaron que consultara a la vieja bruja, pues sólo ella sabría la respuesta.

El precio sería alto, ya que la vieja bruja era famosa en todo el reino por el precio exorbitante que cobraba por sus servicios.

Llegó el útimo día del año convenido y Arturo no tuvo más remedio que consultar a la hechicera. Ella accedió a darle una respuesta satisfactoria, a condición de que primero aceptara el precio.
Ella quería casarse con Gawain, el caballero más noble de la Mesa Redonda , y el más íntimo amigo de Arturo.

El joven Arturo la miró horrorizado: era jorobada y feísima; tenía un solo diente, despedía un hedor que daba náuseas, y hacía ruidos obscenos.
Nunca se había topado con una criatura tan repugnante.
Se acobardó ante la perspectiva de pedirle a su amigo de toda la vida que asumiera por él esa carga terrible. No obstante, al enterarse del pacto propuesto, Gawain afirmó que no era un sacrificio excesivo a cambio de la vida de su compañero y la preservación de la Mesa Redonda.
Se anunció la boda y la vieja bruja, con su sabiduría infernal, dijo:

Lo que realmente quiere la mujer es ser soberana de su propia Vida.

Todos supieron al instante que la hechicera había dicho una gran verdad, y que el joven rey Arturo estaría a salvo.
Y así fue, al oír la respuesta, el monarca vecino le devolvió la libertad.
Pero menuda boda fue aquella… Asistió la corte en pleno, y nadie se sintió más desgarrado entre el alivio y la angustia, que el propio Arturo.
Gawain se mostró cortés, gentil y respetuoso mientras que la vieja bruja hizo gala de sus peores modales: engulló la comida directamente del plato sin usar los cubiertos, emitió ruidos y olores espantosos, etcétera, etc étera. (¡Qué asco!)
Llegó la noche de bodas y cuando Gawain, ya preparado para ir al lecho nupcial, aguardaba a que su esposa se reuniera con él, apareció ella con el aspecto de la doncella más hermosa que un hombre desearía ver.
Gawain quedó estupefacto y le preguntó qué había sucedido.
La joven respondió que como había sido cortés con ella, la mitad del tiempo se presentaría con su aspecto horrible, y la otra mitad con su aspecto atractivo.
¿Cuál preferirías para el día, y cuál para la noche?

¡Qué pregunta cruel!
Gawain se apresuró a hacer cálculos… ¿Querría tener durante el día a una joven adorable para exhibirla ante sus amigos y por las noches en la privacidad de su alcoba, a una bruja espantosa?
¿O prefería tener de día a una bruja, y a una joven hermosa en los momentos íntimos de su vida conyugal?
¿Y tú qué hubieras preferido? ¿Qué hubieras elegido?
La elección que hizo Gawain está más adelante, pero antes de leerla toma tu propia decisión…
y prosigue…




El noble Gawain replicó que

LA DEJARÍA ELEGIR POR SÍ MISMA.

(¡Genial!)

Al oír esto, ella le anunció que sería una hermosa dama, de día y de noche, porque él la había respetado y le había permitido ser dueña de su vida.
¿Cuál es la Moraleja ? La moraleja está más abajo, pero antes de leerla piensa en ella…

LA MORALEJA ES QUE NO IMPORTA SI LA MUJER ES BONITA O FEA, ¡EN EL FONDO SIEMPRE ES UNA BRUJA INTELIGENTE!










sábado, 7 de junio de 2008

Secreta mujer

secreta mujer

No puedo dormir.
No puedo dormir.
Atravesada entre los párpados
tengo una mujer,
secreta mujer
tan sol y tan luna
que abre mis ojos y me obliga a ver
mi desventura y mi fortuna.
Y no me deja dormir
esa mujer,
esa secreta mujer.

Arránqueme, señora, las ropas.
Desnúdeme.
Arránqueme, señora, las dudas.
Desdúdeme.
Arránqueme, señora, las ropas y las dudas.
Desnúdeme. Desdúdeme.

Secreta mujer.
Secreta mujer.
Atravesada entre mis párpados
le quiero decir,
le quiero pedir
que me deje, que se vaya.
Pero no puedo hablar a mi pesar.
Atravesada en la garganta,
me atormenta una mujer
esa mujer,
esa secreta mujer.

Arránqueme, señora, las ropas.
Desnúdeme.
Arránqueme, señora, las dudas.
Desdúdeme.
Arránqueme, señora, las ropas y las dudas.
Desnúdeme. Desdúdeme.

Eduardo Galeano



miércoles, 16 de enero de 2008

Para tener...



Para tener unos labios atractivos,
di siempre palabras amables.

Para tener ojos adorables,
mira siempre las cosas buenas de la gente.

Para una figura esbelta,
comparte tu comida con los que padecen de hambre.

Para mantener la elegancia,
camina con la certeza de que nunca estás sola.

Recuerda, si necesitas una mano amiga,
la encontrarás en el extremo de cada uno de tus brazos.

Con el tiempo y la madurez,
descubrirás que tienes dos manos:
una para ayudarte a tí misma
y la otra para ayudarle a los demás.

La belleza de una mujer no está en su figura
en la ropa que viste
o en la forma como se peina.

La belleza de una mujer tiene que ser vista en sus ojos,
por que son la puerta de su alma,
el lugar donde habita el amor.

La verdadera belleza de una mujer se refleja en su alma.
En la bondad con la que dá amor
y en la pasión que demuestra.

La belleza de una mujer crece con el pasar de los años.

Audrey Hepburn.




jueves, 22 de febrero de 2007

Almas en un bolso

"Restaurador de Almas". Israel Zzepda

Reconozco que me apasiona la complejidad emocional de las mujeres pero he de admitir también que a simple vista lo que más me llama la atención de su alma es la silueta de su cuerpo y que mi primera intención no es precisamente meterme en su cama para leer las obras completas de Pérez Galdós. Esa es sin duda la razón por la que muchos hombres dan por concluida una relación justo cuando se dan cuenta de que ella lo que espera no es exactamente un revolcón, sino algo más profundo, siquiera sea un simple destello de sensibilidad, un chispazo de literatura, un rasgo de aparente eternidad que convierta el contacto sexual en algo más que sudor y dentelladas. A los adolescentes de mi generación se nos decía que las mujeres se excitaban frotándoles determinadas partes del cuerpo, pero no tardamos en descubrir que aquella estúpida teoría sólo era realmente eficaz para calentar la baquelita y que las mujeres eran un mecanismo mucho más complejo y delicado, un asunto lento y fascinante cuyo acaloramiento requería una mezcla de conversación y delicadeza, impulso y ternura, tenacidad y elegancia, sin olvidar, claro, que en el paroxismo de la excitación sexual muchas mujeres experimentan una mezcla de placer y tristeza, como si necesitasen que alguien las consolase de esa felicidad que se les acumula al mismo tiempo en el pubis y en la conciencia, lo que explica que en muchos casos su reacción inmediata a raíz de la tórrida felicidad del sexo sea levantarse al baño y asearse. También suelen cambiarle lo antes posible las sábanas a la cama, acarician al perro, se cepillan el pelo y ponen en marcha la lavadora, que es la gran conquista sicológica de la conciencia femenina. Si eres sensible aceptan permanecer en cama a tu lado mientras les hablas. A los hombres con la extenuación del ajetreo sexual se les agrava la voz y entonces todo lo ocurrido habrá valido la pena porque condujo a un final literario, a una extenuación elegante mientras en la penumbra amaina la llama de la vela y hacéis planes para el pasado. A las mujeres les gusta mucho escuchar la voz de un hombre mientras se urde al ralentí en la hondura bronquial del pecho. El cansancio suele producir franqueza y no hay un solo hombre que no resulte interesante en ese instante de sublime claudicación que se produce cuando se desvanecen los instintos y aparecen la integridad y la conciencia. Naturalmente, sin perder ese puntito de vigor que recuerde sus instantes de insolencia, ese matiz de tosca y aparente insensibilidad que hace que las mujeres se fíen de los tipos sólidos y transeúntes que en realidad casi solo existen en las películas, como era el caso de Bogart, al que ninguna mujer imagina cruzando la calle armado con una bandeja de pasteles en la palma de la mano. Cada uno tiene sus propias experiencias al respecto y en mi caso la experiencia me dice que tiene que haber en el atractivo masculino algo de pernicioso, una especie de misterio que más vale no conocer a fondo, porque podría ocurrirnos como con el humo del tabaco, cuyo halo literario y cinematográfico se desvanece tan pronto descubrimos que contiene benceno, nitrosaminas, formaldehído y cianuro de hidrógeno, es decir, un puñado de cosas que parece mentira que quepan en el aliento de un hombre. A fin de cuentas, tampoco nos conviene mucho profundizar en el mundo emocional de las mujeres. Sabemos de ellas que son fascinantes y complejas, que no se ponen una ropa que no les favorezca al alma tanto como al cuerpo y que utilizan el dentífrico para limpiar los dientes y la conciencia, todo ello muy interesante, pero acabaríamos con la emoción si desentrañásemos sus misterios más profundos. Soy de los que procuran indagar en el alma femenina y disfruto con ese instante de terminal franqueza que sobreviene con la extenuación del sexo, justo cuando incluso el sudor les huele a café, pero hay límites que jamás sobrepaso. Temo decepcionarme. Puede que sea cierto que muchos hombres no tienen un solo enigma que no salga en su orina. También es probable que ellas tengan un mundo interior más sutil, pero mi experiencia me dice que una mujer es más interesante cuando sólo sabes de su alma lo que queda sobre la cama al vaciar el bolso para buscar a la luz de la vela el teléfono de su peluquero, ese fino estilista que, de paso que les estiliza el pelo, les masturba la nuca y les anestesia el alma.

Jose Luis Alvite

domingo, 25 de septiembre de 2005

La mujer...







"Existes...porque alguien piensa en tí..."



"POEMA PARA LA DISTANCIA

Vivimos pegados al teléfono,
robando para las llamadas,
manejando kilómetros, distancias,
cantidades de amor y de palabras.

Nuestra vida es imaginar
los ojos, las manos,
un qué llevará puesto hoy,
un hará frío cuando salga
por la mañana.

Un teléfono,
parar en un estanco,
comprar sellos,
abrazar a los buzones,
empaquetar sentimientos.

Salir y no buscar.
Hablar y no pensar.
Tener, y tener lejos.

Y jugamos con el tiempo
y añoramos la lluvia,
la peleas, la fuente,
aburrinos juntos en invierno,
volver.
Volver siempre.

Y rezar, y desear
que tú estés allí,
que sigas esperando,
que no te hayas cansado
del juego.




De "La niña en rebajas" de Mercedes Castro






"LA MUJER..."



La mujer no quiere una mirada, quiere una sonrisa.
La mujer no quiere compañía, quiere presencia.
La mujer no quiere llanto, quiere lágrimas.

La mujer quiere, lo que es más sencillo otorgar.

La mujer no busca una mano, busca tacto.
La mujer no busca momentos, espera acontecimientos.
La mujer no busca tu risa, espera tu alegría.

La mujer ofrece, lo que siempre has podido dar.

La mujer no desea un cuerpo, desea un abrazo.
La mujer no desea halagos, desea palabras.
La mujer no desea unos labios, desea un beso.
La mujer no desea ser persona, desea ser mujer.

La mujer no espera tu tiempo, espera tiempo contigo.
La mujer no espera pasión, espera romance.
La mujer no espera sexo, espera amor.
La mujer no espera belleza, espera que la hagan sentir bella.

La mujer es mujer, no la trates como a un hombre.
La mujer es mujer, no es física, es sentimental.
La mujer es mujer, no es cuerpo, es corazón.

La mujer no eres tú, no la trates como esperas que te traten.

La mujer no es para poseer, es para admirar.
La mujer no es para convencer, es para amar.
La mujer no es para conocer, es para entender.
La mujer no es lo que tú crees, ella es mucho más.

La mujer no es un rostro, es un todo.
La mujer no es difícil, es misteriosa.
La mujer no es tacto, es caricia.
La mujer no es la espina, es la rosa.

La mujer es un sabio regalo que nos brindó la naturaleza,
para que juntos pudiésemos llevar la vida
con mucha armonía.







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