John William Waterhouse - Penelope and Her Suitors
"Hoy todo te responde anocheciéndose"
Javier Cano
Penélope cree que la vida es una lucha a brazo partido contra la culpa, la obligación, la angustia, el miedo o lo desconocido, la dependencia, los deseos de justicia, el temor, la preocupación, la postergación, la falta de amor por uno mismo y la absurda inclinación a vivir en el pasado que a todos nos invade de cuando en cuando.
Una lucha contra todo eso y contra algunas cosas más.
Para combatir a tantos enemigos en su vida personal, y en la profesional, se rige por las reglas del arte de la prudencia de Gracián. Su padrastro le había regalado el Oráculo Manual cuando cumplió dieciséis años, pero ella no supo extraer enseñanzas del libro –ni de ése ni de ningún otro, dicho sea de paso- hasta casi veinte años después. Entonces no sabía nada. Puede que ni siquiera supiese leer. O por lo menos, no sabía lo que leía, ni lo que veían sus ojos o tocaban sus manos. No se enteraba de nada. Estaba poseída por esa descabellada glotonería existencial de la juventud para la que todo es apetito, ansia, derroche y sueño.
Ahora, sin embargo, si que sabe. Penélope sabe algunas cosas. No todas, ni falta que le hace, pero las suficientes como para ir tirando.
Sabe que es necesario elegir bien a los amigos y a los enemigos, y saber valerse de ambos. Que hay que actuar como si nos estuvieran viendo. Que hay que dejar a los demás con deseo de nosotros, y no saciarlos jamás. Que no debe engañarse sobre ella misma ni sobre nadie. Que debe conocer bien sus defectos y no explicarse con demasiada claridad, porque la mayoría de las personas no valoran lo que entienden y veneran lo que les resulta indescifrable. Penélope ha aprendido el arte del disimulo, porque ser transparente en un mundo despiadado significa no tener futuro: por eso es necesario enmascararse a menudo. En plena selva, los insectos más frágiles sobreviven camuflados entre la vegetación, los verdes confundidos sobre las hojas verdes, y envueltos en las podridas los del color de la carroña.
Penélope ha aprendido a tener buen sentido. Más vale un grano de buen sentido –decía Baltasar Gracián- que montañas de inteligencia.
Ha aprendido a tener gusto y cuidado al hacer las cosas, a tener valor, celo y cordura. Y, sobre todo, a saber esperar.
Desde luego que sí. Penélope sabe ahora al menos un par de cosas.
Ángela Vallvey. "Los estados carenciales"