De la mano de Borges viajo al corazón de Walt Whitman y en sus hojas de hierba me recreo y los tres -autor, traductor y lector- ebrios de humanidad, recitamos, al ritmo de mi voz, y compartimos esté canto universal e intimista:
Ésta es la mesa puesta para todos, ésta es la carne para el el hombre natural;
es para el malvado no menos que para el justo, a todos he invitado,
no permitiré que una sola persona sea excluida,
la mantenida, el parásito, el ladrón, están aquí invitados,
no se hará la menor diferencia entre ellos y los otros.
Éste es el roce de una mano esquiva, ésta es la impresión y el olor del pelo,
éste es el contacto de mis labios y de los tuyos, éste es el murmullo del anhelo,
ésta es la remota profundidad y la altura reflejando mi cara,
ésta es la voluntaria fusión de mi ser y otra vez la salida.
¿Sospechas en mí un propósito oculto?
Sí, lo tengo, porque lo tienen los aguaceros de abril, y la mica de las rocas lo tiene.
¿Crees que quiero asombrar?
¿Asombra, acaso, el día? ¿Asombra , acaso, el pájaro que canta temprano en el bosque?
¿Asombro yo más que ellos?
Ahora estoy hablando en la intimidad,
no diría estas cosas a los otros, pero a ti te la digo.
Walt Whitman, Hojas de hierba, pág. 52
Traducción: Jorge Luis Borges.

