
porque hasta sus derrotas sabrán a triunfo."
Joshua Naraim
La libertad no es una fruta al alcance de todas las manos"
El despertar de la lucidez puede no suceder nunca, pero si llega, no hay modo de evitarlo. La conciencia alerta lleva al conocimiento profundo del absurdo, del sinsentido de la vida, de la inutilidad de la lucha. Todo esto vive aletargado por las rutinas cotidianas hasta que algo golpea, sacude y provoca la reflexión en voz alta y la amargura o la angustia aparecen, se manifiestan. Pero para que esto sirva hay que estar ahí en el momento justo para verla y tener además el coraje de aceptarla y romper conductas, de lo contrario, todo parecerá seguir igual que ayer y que siempre: otra vez a vivir, aunque cueste, y a tratar de que no se note. Guardar la lucidez en un cajón de la mesa de luz para que no joda.
El Lúcido tiene una percepción de los hechos y un razonamiento veloz que hacen que se le revelen simultáneamente los motivos o las causas que han generado los hechos. Tiene conciencia clara e inmediata de los motores de la gente, de la mentira, de la hipocresía, de la verdad. Su visión es total: es global y detallista al mismo tiempo. No conoce la sorpresa. Como todo lo ve, puede percibir los mecanismos ocultos, desnudar los disfraces y ver detrás de las máscaras que usa casi toda la gente. No conoce el deslumbramiento que causa lo inesperado. Siente cierto placer en comprobar que los hechos sucedan de acuerdo con lo que él ha sido capaz de prever, en que todo suceda de acuerdo a lo que su intuición le insinuó. La lucidez le da la capacidad de conocer a la gente a primera vista. Casi sin cruzar palabra, la radiografía está hecha y es clara, perfecta y rara vez falla. Ésta es una cualidad involuntaria, incontrolable, instintiva, intuitiva y no analítica. No es el resultado o la conclusión a la que pueda llegarse después de una charla: es instantánea. El lúcido conoce la naturaleza profunda de la gente en fracciones de segundo. Así como cualquiera distingue el rojo del verde, el lúcido sabe si quien tiene enfrente es listo, tonto, fatuo, sensible, inteligente, genial o imbécil.
Este nivel de percepción (sensibilidad e inteligencia), recluye al lúcido inevitablemente, en un mundo propio, solitario y aislado.
(...quizá continúe...)


















